lunes, 26 de septiembre de 2011

Entrevista a Javier Ruibal (2011)

Sueño es el nombre del último trabajo del músico portuense que, al igual que sus anteriores Lo que me dice tu boca (2007) y el ya mítico Pensión Triana (1993) da cuenta de que el medio natural de este músico inigualable sigue siendo el directo. Por Manuel Álvarez Ugarte

Casi una década había pasado desde la última vez que entrevisté a Javier Ruibal cuando el pasado mes de mayo volvimos a encontrarnos en un café de Madrid. Aunque en honor a la verdad, nuestros caminos, que afortunadamente vienen cruzándose desde hace tiempo, a veces en Madrid, otras en Cádiz, me han mantenido cerca de su quehacer creador, de su permanente búsqueda, su mirada crítica, su espíritu de artesano orfebre de la canción.
Se lo recuerdo, a propósito de esta entrevista, porque en aquél lejano 2002, entre otras cosas, me dijo, literalmente: “-hace dieciocho años que vivo de la música sin problemas, tengo mi público, mi gente, es decir, estoy justificado como artista (…)” A lo que yo le pregunté:

Cómo actualizaríamos esa frase a día de hoy?
Bueno, es verdad, cuando te dije aquello habían pasado así, de repente, dieciocho años de este oficio, que es como a mi más me gusta llamar a esto que hago, que en realidad son palabras que tomo prestadas al Maestro Serrat. Llamarle oficio, creo, ennoblece la tarea a veces minúscula del creador de canciones, pequeñas historias en definitiva que buscan su espacio, su lugar en el tiempo. Si lo llamáramos arte estaríamos presuponiendo (nosotros) que lo que hacemos es de una talla y envergadura importante cuando en realidad son la gente y el tiempo quienes lo dicen.
Pero volviendo a tu pregunta, diría que básicamente sigo siendo el mismo aunque he hecho algunas mejoras y he aprendido a descartar ciertas opciones “un poco veleidosas”, llamémosle “tentaciones oportunistas” algunas veces por argumentos artísticos, otras, por razones de edad. Uno sencillamente no se ve ya haciendo determinadas cosas… Diría que en comparación con entonces, hoy comienzo a entender mejor de qué va esto y a tener control sobre la imagen sonora de mi mismo.

Uno conforma la imagen sonora que mejor lo representa…
Yo no sé si quienes me ven de fuera piensan si el traje que llevo me queda bien o grande. El criterio indumentario puede ser variado. Lo que sí importa es sentirse cómodo en esa ropa que llevas y eso es lo que yo siento. Trato de velar por ese equilibrio que se debate entre lo que uno cree que debe hacer y lo que está haciendo. Personalmente, creo que se parecen bastante, aunque uno siempre ambiciona más.

Tus últimas experiencias discográficas desde Lo que me dice tu boca han sido grabaciones en directo. Por qué?
Porque creo que el disco debería ser siempre el recuerdo de lo que se oye en el escenario. No creo que haya mejores discos que los que retratan fielmente esa convivencia de espíritus, que es como yo vivo la experiencia del directo. Más allá de las músicas y los públicos hay siempre una energía que fluye de arriba abajo y viceversa. Y naturalmente, en las grabaciones así, esa complicidad, tantas veces dada por el aplauso, esa energía, se nota.

Portada de "Sueño" (2011)
Cuéntanos cómo se gesta Sueño y de dónde viene la idea de trabajar con una orquesta.
La idea viene del convencimiento de que la música a interpretar –recordemos que Sueño se compone de temas míos ya conocidos, sólo hay dos temas nuevos- tiene una plasticidad que permite esa reinterpretación instrumental. Esto que he hecho no es nada nuevo, no nos engañemos, lo han hecho cientos de artistas ya. No hemos inventado la pólvora, sinceramente, pero para mi, grabar con orquesta constituye un sueño largamente acariciado.
La cuestión, una vez tomada la decisión, fue plantearse: y ahora cómo lo hacemos?, Quién arregla esto? Y lo más importante: cuántas montañas tendré que saltar para poder hacerlo? Porque, en fin, yo no soy un artista de primera línea que pueda decir: -vale, llamo a una orquesta, ganaré menos dinero y ya. No, no es el caso. Así que, esas cosas sólo se podían solucionar con compañeros y compañeras que fueran cómplices en este viaje.

Quiénes fueron los cómplices?
La orquesta me la proporcionó el Instituto de las Artes y las Letras de Andalucía, muy gentilmente por cierto, como reconocimiento a mi aportación a la cultura musical de mi tierra. Javier López de Guereña escribió todos los arreglos y, lo más importante: le dio al conjunto de los temas una estructura de trama, como si fuera una ópera, compuso una obertura instrumental sobre melodías de otros temas míos que no se tocarían después, y todo esto sin que desaparecieran los colores de la paleta con la que suelo pintar…

Una tarea harto difícil…
Sí, bastante, porque en el centro de esta nueva aventura está la idea de no desbaratarle a ese público cómplice aquello que viene buscando cuando asiste a un concierto mío: colores flamencos, colores Caribe, árabes, orientales…
La estructura del concierto la decidió Javier López de Guereña y a mi me pareció bien. Sólo pedí corregir dos momentos de excesivo vértigo en los que pasaban tantas cosas con la orquesta que yo me perdía y me costaba tanto que casi preferí simplificarlas, porque, entre nosotros, aquí conté más compases que en toda mi vida.

Luego está la logística de los ensayos y la grabación en directo…
Bueno, realmente tres ensayos y la grabación, no hubo más. Movilizar a tanta gente es muy complicado. Por eso también, para mí, la sensación de riesgo, al no estar familiarizado con aquello de cantar en un contexto de estas características, aumentaba tanto. El audio se grabó en un concierto en el Teatro Manuel de Falla en Cádiz y el vídeo, con su correspondiente audio del DVD, en el Gran Teatro de Córdoba. No se grabaron los dos en audio y vídeo por razones presupuestarias, aunque el espíritu fue el mismo. Con todo, fue una experiencia de riesgo, porque aunque lo preveas todo, siempre hay cosas que no esperas que puedan ocurrir. Por ejemplo: nadie te garantiza que en mitad de la grabación en directo no se pueda caer un atril y hacer ruido, o como en el Teatro Falla, que tiene una caja escénica muy alta, muy abierta, y está al lado de una iglesia. Si por lo que fuere al párroco le diera por llamar a sus feligreses con campanas, ¡pues imagínate!
En cuanto a los ensayos, primero hubo uno del director, Oliver Díaz (otro gran cómplice de esta aventura), sólo con la orquesta. En el segundo ya me incorporé yo para ir aclimatándome aunque sin cantar, luego en los otros dos ya participé activamente, luego de eso: el salto al vacío (risas).

Próximas presentaciones de Sueño?
De aquí a una semana en El Puerto de Santa María. Por ahora estamos en gestiones para hacer Granada y Sevilla en septiembre, aunque sin confirmación aún. Personalmente, me gustaría poder hacer más este concierto en espacios apropiados porque –y esto no lo digo por mi- creo que la coherencia que tiene la obra en si misma -y eso es trabajo principalmente de Javier López de Guereña y Oliver Díaz- así lo amerita.   

Hablemos del flamenco, tan presente en toda tu obra, cómo lo escuchas hoy, después de tanto camino andado?, Qué flamenco te interesa ahora?   
Sigue presente, como siempre, y ahora que ha sido declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, pareciera que me ha dado por volver un poco a los orígenes. Y se lo debo a una circunstancia de la vida que no esperaba, verás: resulta que mi hija Lucía es bailaora de flamenco y vive en este momento de su vida una acalorada pasión con la raíz más honda, más antigua de este arte. Ella es la que me trajo de nuevo a casa los sonidos de grandes figuras a las que, sin embargo, el tiempo no ha acabado de poner en un lugar significativo de la historia. Chaqueta, por decirte un nombre, es un buen ejemplo de ello.
Te diría que aunque no me considero un músico flamenco -sí un buen aficionado-, el flamenco es algo que habita en mi música, como un color, como una seña de identidad a la que como andaluz no quiero renunciar. En ella me reconozco y por eso me gusta que me acompañe.
A mi entender, lo verdaderamente interesante, lo que a mí me llama la atención ahora tiene que ver más con los artistas que con la música en si misma: si se reitera, si corre riesgos, si perfecciona lo que hace, si toma nuevos rumbos…

Qué nos depara el futuro en materia de proyectos, Javier?
El futuro tendrá que ver con las canciones que vengan, como hasta ahora. Ellas lo contarán, aunque claro, entonces ya será parte del pasado… El futuro siempre es una incógnita, aunque creo que lo que hoy por hoy estamos viviendo en toda España, a raíz de los movimientos asociados al 15-M, traerá muchas y muy buenas historias que contar y por las que seguir cantando. Al menos así lo deseo yo. 

Si te ha interesado esta entrevista te proponemos un fragmento de "Sueño" en el Gran Teatro de Córdoba.
     

viernes, 5 de agosto de 2011

Entrevista a Oscar Herrero (2005)

Con motivo del lanzamiento de su cuarta producción discográfica, Abantos, me desplacé hasta San Lorenzo de El Escorial (Madrid) para conversar con Oscar Herrero. Allí, al resguardo del monte que da nombre a la nueva placa, el brillante guitarrista manchego compartió con nosotros recuerdos, anécdotas y su permanente preocupación por la pedagogía en el campo flamenco. Veinte años después de su debut profesional, este trabajador incansable vuelve a ser noticia. Por Manuel Álvarez Ugarte
  
Cada vez que debo entrevistar a alguien a quien no conozco personalmente me inquieta, en la etapa de documentación y preparación de las preguntas, pensar que el entrevistado pudiera considerar poco interesante el tema de conversación. Aunque es posible que la mayoría de ellos sean buenos disimuladores –hasta ahora nunca nadie me ha hecho sentir incómodo-, lo cierto es que, en general, a casi todos les gusta hablar, sin tapujos y sin miedo a aburrir, sobre lo que hacen. Pero también es verdad que no siempre nuestros interlocutores son portadores de una calidez humana como la de Oscar Herrero. Hablar con él es un verdadero placer, cualquiera diría que el personaje famoso está de gira y el que conversa con nosotros es su versión cotidiana, el otro yo, del artista que muchos admiran y respetan.

Cuéntanos cómo fue tu etapa de formación.
Nací en Tomelloso, provincia de Ciudad Real, que al igual que Valdepeñas es una zona con mucha afición al flamenco. Desde que tengo memoria en casa de mi familia se escucha la guitarra. Mi padre, pese a que se dedicaba profesionalmente a otra cosa, era un muy buen aficionado a la guitarra flamenca. Con nueve años me integró a una rondalla que él dirigía. Así empecé a tocar, pero no la guitarra si no el laúd. Ésos fueron mis verdaderos primeros pasos con las cuerdas, tocando con plectro música del repertorio folclórico español. Simultáneamente tocaba, pero con guitarra, en un grupo folclórico manchego. Poco a poco me va entrando el gusanillo con la guitarra, de la que descubro tiene más posibilidades que el laúd y en particular con el flamenco, que aprendo poco a poco bajo la tutela de mi padre. Cuando él advierte en mí aptitudes, decide ponerme en manos de un verdadero profesor: Juan González “Triguito”, un guitarrista profesional sevillano que trabajaba en un tablao que existía entonces en Madrid, el Zambra, donde cantaban, entre otros, Enrique Morente. Comienzan así, a mis catorce años, los primeros viajes a Madrid, que en un principio eran algunos fines de semana -ya que estaba estudiando- hasta que un verano me quedo tres meses dando clases de forma continuada. Creo que es entonces cuando se producen, con la guitarra, mis avances más significativos. La escuela que aprendo de éste hombre es la de Ramón Montoya, Niño Ricardo y Sabicas. Después de esto tengo la suerte de conocer a un guitarrista Japonés, Iwao Sakai, conocido como “Enrique”, que trabajaba en el tablado Las cuevas de Nemesio. Con él completé mi formación trabajando en lo que se conocía como la escuela moderna del toque flamenco, al menos en esa época: Paco de Lucía, Mario Escudero, Esteban de Sanlúcar, Serranito, Manolo Sanlúcar, etc. Casi te diría que en ese punto mi formación estaba completada. No obstante, después de aquello, ya con diecinueve, vengo a vivir a Madrid. Aquí conozco a Enrique de Melchor y a Serranito. Se da la casualidad de que los dos me invitan a trabajar en sus respectivos grupos.

Vaya una escuela de perfeccionamiento…   
Pues sí, fue impresionante. Con ellos estuve durante años trabajando en concierto, fue algo francamente inolvidable y muy valioso para mi formación. Un verdadero privilegio. Recuerdo una vez en que se dio la casualidad de compartir concierto. Me subí al escenario primero con uno y luego con el otro (risas).

Oscar Herrero sobre el escenario
de uno de los tantos tablaos
madrileños en los que trabajó.
Qué siguió después?
Bueno, en esa época yo tocaba principalmente en peñas flamencas como acompañante, más al cante que al baile. En aquel momento me contrataron de Las cuevas de Nemesio para acompañar al cantaor Paco Toronjo durante una temporada. Al terminar cada noche, cuando cerraban sus puertas, llegaban artistas de otros tablaos de Madrid y se montaban allí unas juergas alucinantes, de un vuelo y una creatividad sin igual. Es curioso, también recuerdo aquellos momentos como parte importante de mi formación.

Tu labor como investigador en el campo pedagógico te sitúa a la cabeza de los que se han aproximado al mundo de la guitarra flamenca razonada. Cómo y cuándo comienza ese trabajo?
Para serte sincero, este proceso comienza a dar vueltas en mi cabeza siendo yo un principiante. Cuando era pequeño mi padre tenía en casa algunos alumnos a los que atendía en sus horas libres. A veces, cuando venía a comer al mediodía me decía: “-Yo ahora tengo que volver al trabajo, pero tú apréndete este acorde y esta falseta, que a las seis viene fulano y mientras yo llego se lo vas enseñando”. Así, sin darme cuenta, desde muy temprano, mientras aprendía, tuve contacto con la experiencia de enseñar. Sin duda eso me marcó y me ayudó mucho a la hora de razonar todo lo relacionado con los mecanismos y la escritura. Luego, andando el tiempo y ya ejerciendo como profesional en mi faceta docente, me encontré con que no podía responder a ciertas preguntas que me hacían algunos alumnos. Por ejemplo: muchas veces me veían tocar cosas que ni yo mismo sabía como las hacía, lo que me obligaba a observarlas y encontrar una explicación lógica. Naturalmente, aunque siempre encontraba la respuesta, recién podía dárselas a la clase siguiente. Tiempo después, en una gira de conciertos que me hace recalar en Cannes (Francia) conozco al guitarrista galo Claude Worms. Él es todo un pionero en el tema pedagógico y didáctico. Conversando sobre lo que cada uno tenía en mente llegamos a la idea de escribir en colaboración un tratado para la guitarra flamenca. Luego hablamos con una editorial de París, que aceptó la idea y fue publicando uno a uno los cuatro volúmenes de que se compone. Actualmente estamos trabajando en el quinto, que centra su atención en las bulerías. Después, un alumno mío, Pepe Vargas, quien trabajaba en la editorial RGB, propone a sus jefes la idea de producir una serie videográfica dedicada a la guitarra flamenca haciendo hincapié en que su maestro (o sea, yo) era posiblemente la persona más indicada. Así, una vez llegamos a un acuerdo con la editorial, comienzo a trabajar en clasificar y ordenar el método. Con Pepe (Vargas) escribimos el guión y me puse manos a la obra. Hasta la fecha, la serie se compone de nueve DVD con sus respectivos libros.

Todo un trabajo…
La verdad, sí. Ahora que ya tomé cierta distancia puedo verlo, ha sido un trabajo enorme. Este esfuerzo y la experiencia me motivaron a crear mi propia editorial, Acordes Concert, a través de la cual, pasado un tiempo, comencé a publicar mis otros libros: 21 Estudios para guitarra flamenca, nivel elemental; 24 Estudios para guitarra flamenca, nivel medio; Alberto Vélez, memoria de la guitarra flamenca, entre otros, escritos también por amigos como Manolo Yglesias o Lola Fernández.   

Tu faceta como compositor y ejecutante solista llega antes o después de haber curtido tablados?
Siempre me dio vueltas a la cabeza la idea de ser concertista de guitarra y desde muy jovencito empiezo a componer mis propios temas. En una gira con un ballet flamenco que me tuvo seis meses fuera, me lesiono seriamente y tengo que dejar de tocar a causa de una tendinitis. Ya de regreso en Madrid, durante dos años me la paso de médico en médico, masajistas, etc. Este problema retrasa un plan que tenía justamente para el final de aquella gira: grabar mi primer disco en solitario. Como tengo claro que no quiero grabar en malas condiciones no me queda más remedio que esperar más de dos años, por cierto larguísimos, a recuperarme del todo. Dos operaciones primero y todo un tratamiento de rehabilitación después, en 1995 sale mi primer disco, Torrente, al que siguen un homenaje a Falla, Brindis de guitarras, junto al guitarrista canario Carlos Oramas; Hechizo y ahora, el doble CD: Abantos.   

En tu constante viajar por el mundo has tenido la posibilidad de llevar el flamenco a lugares tan diversos como Islandia, Rusia, Argentina, Polonia, Jordania, Egipto, Brasil, Australia, Uruguay, Chile, Canadá y así un largo etcétera. Qué percepción del flamenco como lenguaje comunicativo crees que hay en el extranjero, en qué país de los que has visitado se vive con más intensidad?
El lenguaje de la música es, sin duda, el más universal de todos. En ese sentido, tú puedes entender o no lo que es una soleá y eso no te impedirá, si te gusta, disfrutarla. De hecho, a mi me ocurre cuando escucho músicas de las que conozco “formalmente” poco, como la bossa nova, el jazz, etc. El flamenco es muy atractivo y especialmente fuera de España. Aquí nos cuesta verlo porque estamos más acostumbrados, pero desde luego, fuera de nuestras fronteras cobra una dimensión mágica. En los veinte años que llevo viajando por el mundo he visto de todo. Es verdad que ahora se ve mucho más flamenco por todas partes, pero hace dos décadas, cuando íbamos a tocar a Rumania o a Polonia, países en donde hay una gran cultura musical, notabas ya una atención privilegiada pero a la vez distinta de la que percibes en el público de los países árabes, donde por una cuestión de raíces es para ellos más familiar.   

Portada de Abantos (2005)
Hablemos de tu último trabajo: Abantos. Qué cosas nuevas aporta este doble CD a tu ya larga trayectoria discográfica?
La verdad es que me cuesta responder a tu pregunta. Yo intento, en la humilde medida de mis posibilidades, hacer cada vez mejor música. Los años van pasando, tus vivencias aumentan y, en mi caso, intento plasmarlas en las obras. Cuando escribo música pienso primero en mi, en satisfacer ese deseo lúdico de disfrutar con mi trabajo. Reconozco que me importa menos agradar, aunque si lo consigo la satisfacción es doble, claro. Si aporta o no algo nuevo, supongo que el tiempo lo dirá. Lo que si sé es que Abantos es un trabajo hecho con mucho cariño y desde el más intenso de los sentimientos que se puedan tener para con la música. En él tuve el privilegio, además de compartir la grabación con excelentes músicos y amigos, de tener entre mis invitados al gran Enrique Morente, lo que sin duda respalda de alguna forma mis intenciones con el flamenco.
El flamenco que hacemos hoy, cada vez con más frecuencia se toca en formaciones grupales y con diversas tipologías de instrumentos. En Abantos, junto a mi guitarra suenan la armónica de Antonio Serrano, la batería de Jorge Palomo, la voz del cantaor Basilio Villalta, el saxo de Pedro Esparza o los arreglos de cuerda de Fran Villarubia. Como soy consciente de que a muchos aficionados al flamenco no le agradan estas mezclas, decidí incluir un segundo CD con el mismo contenido pero tocado solo con guitarra, para que cada uno elija la versión que más le guste.

A qué guitarristas, flamencos o no, consideras una referencia?
Sin duda y casi te diría que por sobre todos a Paco de Lucía, quien desde chico me impactó mucho, lo mismo que Enrique de Melchor y Serranito. También, fuera del flamenco, me gustan mucho Pat Metheny; Rafael Rabello, un guitarrista brasileño maravilloso que murió muy joven, con 33 años, y del mundo más clásico, el inglés Julian Bream y el argentino Jorge Cardoso, entre otros.

Con qué guitarras tocas y con cuáles has tocado?
Mi primera guitarra fue una que compró mi padre en una tienda del pueblo. Cuando empecé a estudiar seriamente él mismo me regaló una Conde Hermanos, que aún conservo y con la que toqué durante años, grabé mi primer disco y algunos de los DVD didácticos. En el medio toqué un poco con una Arturo Sanzano y actualmente tengo una flamenca de los Hermanos Conde de la línea más alta, concretamente, el modelo Felipe V.

Cuéntanos cuáles son los proyectos inmediatos.
A priori, presentar el disco nuevo, que no es poca cosa. Después me abocaré a la edición de un trabajo de guitarra sola que ya tengo grabado y que está dedicado a la obra de Ramón Montoya. Mientras tanto, en mi cabeza siguen dando vueltas un montón de ideas sobre el tema didáctico que poco a poco, espero, vayan viendo la luz.

Si te ha interesado esta entrevista te proponemos veas el siguiente vídeo:

jueves, 21 de julio de 2011

Pilo García nos cuenta "Otras historias"

Portada de Otras historias (2011)
Por Manuel Álvarez Ugarte

Es la primera vez que escribo un post en este Blog sobre el trabajo discográfico de un artista independiente.
Lo he creído conveniente -dado el creciente tráfico de visitantes del sitio- porque recientemente tuve la suerte de escuchar la última grabación del charanguista, guitarrista y compositor argentino Pilo García, quien, aunque no tengo el gusto de conocer personalmente, puso generosamente a mi disposición un enlace para que me descargara los tracks de Otras historias, su último disco.

Creo firmemente que cuando uno descubre algo que lo emociona, lo mejor que puede hacer es compartirlo: ponerlo en conocimiento de las personas que, al igual que uno, puedan sentirse identificadas y hacer un uso espiritual de aquello.

Otras historias es, ante todo, el disco de un músico que desde la perspectiva de un instrumento generalmente asociado a la música tradicional y folklórica latinoamericana, habla, dice y canta con el lenguaje de los eclécticos y multidisciplinares intereses artísticos que han marcado a una generación a la que siento -y perdonen la intromisión personal-, también pertenezco.

Hace tiempo que he dejado de pensar que los que nos acercamos a la música de raíz folklórica después de haber escuchado el rock argentino de los 70´ y 80´; toda la corriente del rock progresivo británico bien representada por el Génesis de Gabriel, Hackett y Collins en su faceta de baterista; el King Crimson de Islands; el jazz moderno, Corea, Metheny, y las diversas experimentaciones de Piazzolla junto a Mulligan o Burton, por poner muy escasos ejemplos, teníamos algo de tramposos, como si no fuéramos justos deudores de la cultura vernácula de nuestro país, tan contaminados por la colonización cultural foránea...

Hoy, mirando hacia ese pasado con perspectiva y aún a riesgo de equivocarme -como tantas otras veces- pienso que la experiencia cultural de habernos acercado a "lo folklórico" después de haber coqueteado con "lo foráneo" no tiene porque suponer una ruptura con el vínculo más hondo y sensible de la raíz musical nacional.

Pilo García, con su charango, con su guitarra, pero también con sintetizadores, bajo eléctrico, kalimbas, percusiones, voces y ambientes varios nos introduce en un microcosmos en el que todas esas vivencias se vuelven música. Música con voz propia, voz americana y del mundo, alejada del tópico que los rótulos oportunamente mercantilistas de Fusión o Músicas del mundo nos han vendido hasta ahora. Bastaría escuchar bellezas como Limay o De regreso, ambos incluidos en la placa, para comprenderlo.

Quise escribir estas líneas porque me identifico con el trabajo de Pilo, porque cada vez más creo que somos muchos a los que nos cuesta expresar esa dualidad estética a la que nos acostumbró, en un momento crucial de la formación de nuestra personalidad, vivir en el sur de América mientras tantos y tan variados universos sonoros se introducían, subrepticiamente, en nuestra memoria emocional.

Sólo se me ocurre un "gracias por la música" e invitarlos, con mucho gusto, a que lo conozcan y disfruten.

lunes, 27 de junio de 2011

Entrevista a Juan Falú (2003)

Si hay en la actualidad un artista representativo de la estética más vanguardista del folclore argentino, ese es sin duda Juan Falú. Nacido en Tucumán, Argentina, en 1948, es uno de los referentes vivos de la música popular de su país. Ha paseado su arte por los cuatro continentes y su obra (discos y partituras) se ha editado en Argentina, Brasil, Francia, Bélgica, Alemania, Costa Rica y Japón. Psicólogo egresado de la Universidad de Tucumán, sólo ejerció durante cuatro años porque, en la época, se sentía más cobijado en el diván que en el sillón. Militante político, estuvo en la mira de la Alianza Anticomunista Argentina y del General Bussi. Lo salvaron la noche y la guitarra, a juzgar por la opinión generalizada del ambiente: “es demasiado bohemio para andar en la pesada”. Acaso baste con decir de Juan que es dueño de un lenguaje técnico-expresivo único que lo diferencia enormemente del inmenso océano de guitarristas clásicos y populares. La guitarra de Juan Falú es una isla, y su música, un oasis conquistado a pulso a lo largo de una vida con tantos vericuetos como pueda uno llegar a imaginarse.
Asistimos el 13 de julio al concierto-cierre de su gira europea 2003 en el Museo de América de Madrid. Allí conversamos amenamente sobre su experiencia a lo largo de las últimas décadas con la música y la guitarra. Por Manuel Álvarez Ugarte

Comencemos por el presente. Tras más de treinta años de actividad ininterrumpida te encuentras en plena forma como compositor y concertista; has hecho una nueva gira europea y en octubre tendrá lugar en Buenos Aires la novena edición del festival Guitarras del Mundo, del cual eres creador y director artístico. Cuál es el balance a esta altura de tu carrera?
Considerando que a los 15 años ocupé por primera vez un escenario con la guitarra, voy ya por los 40 años de vida artística. En el camino toqué por donde puedas imaginarte: desde el Teatro Colón hasta el más humilde club de barrio, de esos con techo de chapas en donde rebotan no solo el sonido de la guitarra sino de todo aquello que suene: botellas, vasos, conversaciones...
Hace poco el compositor devenido crítico de Clasical Guitar Magazine, John Duarte, sostuvo en ese medio que soy un guitarrista más apropiado para un cabaret y para escuchar con un vaso de whisky en la mano. Su intención fue subestimarme y acabé tomándolo como un elogio. Más de una vez la guitarra se me ha cruzado con el vino y la amistad, en aquellos encuentros apasionados, esas rondas musicales domésticas que acabaron siendo mi verdadera escuela. En el camino también compuse un centenar de obras, llevo enseñando 10 años en el Conservatorio Manuel de Falla de Buenos Aires –donde acaba de crearse la primera carrera superior de tango y folclore bajo mi coordinación- y dirijo Guitarras del Mundo, un festival con sedes en más de 80 ciudades de mi país, una verdadera síntesis de la pasión argentina por las seis cuerdas.
Mi balance es bueno pero nunca estoy conforme. Aún estoy atrás del disco que me guste, debo escribir varias obras que compuse, lo cual en muchos casos implica realizar los arreglos, algo muchas veces más trabajoso que la propia composición, y estoy detrás de una idea que pienso plasmar: traducir algunas de esas obras a versiones de cámara. Creo que empezaré por cuarteto de cuerdas y guitarra. Soy consciente de cuánto llevo realizado pero me pesa más la búsqueda de lo nuevo, una nueva partitura, un mejor sonido, una grabación sin ninguna nota que me disguste. No se trata de afán perfeccionista pues estoy lejos, muy lejos de tales parámetros, sino sencillamente de plasmar lo que sé que puedo dar. Prefiero mil veces una buena composición al Premio Nacional de Música con que me honrara mi país, un buen disco a todo los currículums acumulados, pues un músico sin obra o sonido dignos corre el riesgo de acumular “ridículum vitae”. A propósito, ese es el nombre de un libro de inminente publicación, que escribí relatando mis episodios vivenciados con la guitarra en estas cuatro décadas.

Háblanos del programa que has tocado en esta última gira.
En mi última gira toqué un repertorio de obras propias, obras argentinas de autores como Ariel Ramírez, Carlos Guastavino y grandes creadores del tango, dejando siempre un espacio libre para alguna improvisación. En México, donde participé en el Festival de Guitarra de Taxco que dirige el gran guitarrista Juan Carlos Laguna, me dio por dedicarle al público un ensamblado de tangos y boleros en versiones libres, sabiendo que son músicas muy amadas por los mexicanos. Suena a demagogia pero no es otra cosa que un modo natural de hacer música. En mi caso, mostrar en el escenario lo que haría naturalmente en una reunión, es el modo más genuino de expresarme.

Tú eres un músico de formación autodidacta, con un profundo conocimiento de las formas y ritmos de la música argentina y latinoamericana, pero autodidacta. Cómo te sientes en el entorno de la guitarra clásica?
Si bien mi repertorio es exclusivamente argentino, con fuerte componente del folclore de mi país, me siento bien insertado en el mundo de la guitarra clásica, sobre todo en los festivales de guitarra. Son varias las razones: amo la guitarra clásica y será para mí una asignatura pendiente, pero también percibo el amor que los guitarristas académicos sienten por las músicas regionales del mundo. Por suerte, los festivales de guitarra de hoy en día favorecen esos encuentros y superaron las viejas barreras del prejuicio que separaba lo culto de lo popular.

Los Falú sois una familia cuyo apellido es sinónimo de guitarra en Argentina. Qué parentesco tienes con Eduardo Falú?
Soy sobrino de Eduardo Falú. Mi padre fue quien puso una guitarra en sus manos y en las mías. Así que, a pesar de la gran admiración que profeso por Eduardo, será siempre mi padre el principal hacedor de mi musicalidad.

Durante la última dictadura argentina te exiliaste en Sao Paulo. Qué recuerdos conservas de aquella época?
Entre el 76 y 84 tuve que exiliarme en el Brasil, huyendo de la dictadura militar y genocida que azotó nuestra tierra. Mis recuerdos son de sueños truncados, pero también de vidas truncadas por el genocidio masivo, de personas cercadas por el horror y el propio miedo, un miedo que actuó como mordaza y llevó al silencio y la autocensura a gran parte de la sociedad. En lo personal, tuve que huir dado mi alto grado de compromiso político y militante, compromiso en realidad casi familiar, que nos costara el exilio de tres hermanos y la desaparición de otro, mi querido Lucho Falú. Al mismo tiempo, fue una experiencia dura ante la que puedes sucumbir emocionalmente o salir fortalecido. Yo estoy aquí, firme en la vida, en el arte y con mis principios intactos.

Imagino que el contacto con la música de Brasil habrá sido enriquecedor e influyente.
El Brasil me influyó pero sin que haya buscado esa influencia. Sucedió naturalmente gracias a mi necesidad de hacer música en cuanta reunión fuera posible. Cuando regresé en el ’84 a la Argentina, el público hacía hincapié en percibir cierto toque brasileño en mis armonías. Hoy eso ya es pasado, pues hubo un extraordinario crecimiento en el mundo y un concepto armónico de los músicos argentinos, en muchos casos más rico que el mío propio. No te olvides que nunca estudié la teoría ni la técnica y mis sonidos salen de tocar y mover los dedos sobre el diapasón de la guitarra, nada más.

Además de dedicarte a la música instrumental para guitarra, tienes compuesta una importante obra de canciones junto a destacados poetas y letristas. En qué faceta te encuentras más cómodo?
Componer canciones es maravilloso. El folclore y el tango argentino cuentan con numerosos ejemplos de canciones excelsas en lo poético-musical, de manera que es todo un desafío meterse en ese terreno. Las que compuse y conservo creo que valen la pena y las que no conservo, pasarán al olvido. Hasta ahora no me dediqué a hacerlas conocer, pero estoy en esa tarea y ya tengo casi terminado un disco con unas 15 canciones propias, con letras de grandes poetas del folclore argentino.
No es más ni menos cómodo crear canciones o música instrumental. Simplemente uno va dejando que fluyan y tal vez existan períodos en los que un género se ve más facilitado que el otro. Pero la exigencia siempre será la misma, al menos para mí.

Cómo trabajas en la composición?
Esto hoy es un problema, pues compongo frases musicales toda vez que cojo la guitarra. En otras épocas, la frase podía disparar una obra. Hoy, sencillamente pasan al olvido, pues me quedo en la sola sensación placentera de esa mínima creación y pierdo su registro. Tendré que trabajar en ello o hacer lo que me sugiere todo el mundo: tener siempre un grabador a mano. Antes era más ordenado. La secuencia era: frase musical, extensión de la frase y encaje de la idea en alguna forma musical conocida, esto es, de algún género folclórico argentino. Luego viene la etapa del arreglo guitarrístico –la más costosa en mi caso- y pasar todo a la partitura. Todo este proceso lo hago empíricamente, guitarra en mano.

Entre las muchas actividades que promueves, la docencia ocupa un lugar importante. Háblanos de tu cátedra de ritmos y formas del folclore en el conservatorio superior Manuel de Falla de Buenos Aires.
La docencia fue ocupando año a año un lugar privilegiado en mi vida. Sucede que enseño música argentina en una institución centenaria de perfil clásico. Entonces mi cátedra pasó a ser casi el único canal que los jóvenes tienen para construir una identidad que venía un tanto vapuleada en las últimas décadas de vida argentina. Ahora este esfuerzo se coronó con la creación de la Carrera Superior de Tango y Folclore, que tengo el honor de conducir y que funciona en el mismo Conservatorio Manuel de Falla. Soy feliz impartiendo clases y sé perfectamente que mi responsabilidad es grande, pues debo hacerme cargo de una mirada “no académica” de la música, lo cual, por ser original, importa un mayor compromiso de mi parte.

En tu forma de tocar se percibe una sensación de profundidad que trasciende a las músicas y te permite conectar con el paisaje. Crees que proceder de una provincia, de un paisaje y un tiempo distintos a los de la ciudad constituye una herramienta expresiva añadida?
Siempre la tierra de uno se traduce en la música cuando se toca la música de esa tierra. En mi caso, vengo de una tierra rica en tradiciones, apasionada por el cancionero propio pero al mismo tiempo con una amplia apertura universalista. En Tucumán había grandes sinfónicas, clubes de jazz, un folclore muy dinámico y, sobre todo, una noche intensa y siempre despierta. Yo descubrí a Piazzolla; Joao Gilberto; Tom Jobim; Dave Brubeck; Gerry Mulligan; Jo Jones; Modern Quartet; Swingle Singers y a tantos otros, en pequeños bares de mi ciudad allá por los años 60. En mi casa, el mundo clásico. En las reuniones, el folclore y el tango. Y en el propio paisaje, fui tramando mi mundo expresivo.

Cómo te preparas (técnicamente) para un concierto?
Antes me preparaba tocando. Luego, bebiendo un vino y ahora estando nomás. Esperando el momento único que me distiende: tocar.

Cuáles son tus proyectos inmediatos?
En agosto grabaré el Volumen II con Marcelo Moguilevsky, el gran vientista argentino, luego me abocaré a terminar el disco de canciones y posteriormente una grabación que me propusieron en México, con música argentina y mexicana. En cuanto a creación, me pondré de lleno a escribir una suite folclórica para cuarteto de cuerdas y guitarra, así como un libro de piezas argentinas con dificultad creciente, que pueda tener aplicación en conservatorios de música.

Para terminar, con qué guitarras tocas?
Siempre he tocado guitarras de Francisco Estrada Gómez y espero tener pronto una Ángel Benito. Pero tendré que alternar, pues una Estrada no se abandona jamás. 

Si te ha interesado esta entrevista, te proponemos veas el siguiente documental en tres partes con información actualizada:

miércoles, 18 de mayo de 2011

Entrevista a Jerónimo Maya (2006)

Foto: Keiko Higashi
De niño prodigio a artista con voz propia, el crecimiento y desarrollo de uno de los guitarristas más brillantes que ha dado la nueva generación de músicos flamencos centró nuestra atención en un cara a cara donde repasamos los más importantes momentos de su carrera profesional. Por Manuel Álvarez Ugarte

Son las 20:30 de un viernes de invierno y en la esquina donde estábamos citados Jerónimo llega, guitarra al hombro, directamente desde un ensayo. El gesto amable, el semblante tranquilo, sin darme tiempo a que me presente se acerca a mi porque, curiosas y fortuitas coincidencias, también llevo una guitarra al hombro. Me reconoce, nos saludamos y mientras aguardamos la llegada de Javier Primo y Keiko Higashi, responsables del sello discográfico y la revista Alma 100, las principales plataformas publicitarias de Jerónimo, comienza una espontánea y animada conversación entre nosotros que, paradójicamente, se inicia con una pregunta del entrevistado al entrevistador: -Tocas la guitarra? -Bueno, lo intento. –Todos lo intentamos, no? Repone un Jerónimo Maya exultante, todavía muy joven pese a la enorme historia que pesa sobre sus espaldas. A los siete años se presentó en público por primera vez, a los doce actuó junto a Paco de Lucía, Sabicas y Enrique Morente en el Carnegie Hall. Desde entonces y hasta la fecha, su carrera en solitario, jalonada por esporádicas colaboraciones con diversas figuras del cante jondo, ha dado mucho que hablar. En numerosas ocasiones, diversos medios de comunicación, obstinados en el intento de comprender el porque de ciertos mitos, se refirieron a la pureza de su sangre gitana como una de las claves de su arte ancestral. Pero Jerónimo, hombre de su tiempo, ha aprendido a moverse con cautela en ciertos territorios y no duda, si de estos temas se trata, en ponerse serio. –Yo creo que en los tiempos en que vivimos deberíamos hablar ya de otras cosas. Qué tonterías son ésas de si los gitanos entendemos o no mejor el flamenco? Míralo a Paco (de Lucía), a Manolo Sanlucar y como ellos a tantos otros. Se atrevería a decir alguien que ellos no entienden bien el flamenco? La música es de todos, no tiene razas.  

Tienes 28 años y 21 de una carrera profesional que te ha visto pisar los más prestigiosos escenarios del mundo en solitario o junto a los más destacados artistas flamencos. Cómo se asimila esto siendo tan joven?
Tengo la suerte de pertenecer a una familia que lleva dedicándose al flamenco cerca de 80 años. Soy descendiente directo de Ramón Montoya y en la línea familiar se cuentan numerosos nombres de grandes artistas. Te digo esto porque en realidad nunca me he detenido a pensar en cómo asimilar tal o cual aspecto de mi actividad como músico, que por suerte es bastante exitosa desde hace algún tiempo. Debo decir, eso si, que aunque comencé siendo muy pequeño, la tutela de mi padre me mantuvo los pies en la tierra en todo momento. Aunque siempre estuvo estimulándome, también procuró que no se me subieran los humos a la cabeza. Algo que, como comprenderás, en un niño de siete años que salía tocando por la tele era bastante fácil que ocurriera. Recuerdo que muchas veces, después de una actuación en televisión, mi padre me llevaba a casa, ponía la cinta y me la hacía ver, él y yo solos, buscando ser crítico aunque siempre desde un enfoque constructivo: -Mira esto, está bien pero lo podrías mejorar, cuidado aquí o allí, etc. La verdad es que aunque muchos se han empeñado en catalogarme como niño prodigio, yo pienso que los niños prodigio no existen. Yo fui un niño que en vez de jugar con la peonza tocaba la guitarra, claro que después, cuando tiraba la peonza lo hacía de pena, pero bueno, oye… que cada uno tiene su historia, no? Lo que pasa es que hay, al mismo tiempo, cosas que difícilmente un niño olvide. Yo tuve la suerte de compartir escenarios con Paco de Lucía, Sabicas y Morente con apenas doce años, y esos momentos quedan inevitablemente grabados a fuego en tu memoria. Porque aunque seas un niño comprendes que lo que te está pasando no es cosa de todos los días.

En varias entrevistas he notado que diversos periodistas hacen hincapié en la pureza de tu sangre o el legado de tus mayores como refiriéndose a ese tópico tantas veces oído de “le viene de casta”. Qué parte de todo este arte tan tuyo crees que se materializa a través de esa vía sanguínea y cuánto es mérito o consecuencia de tu esfuerzo e inquietudes?
Pienso que la sangre tiene que ver aunque no es lo verdaderamente importante. La conclusión es que somos uno mismo. Tú puedes pertenecer a una saga de artistas, lo que sin duda es bueno porque existe toda una predisposición para aquello que te propongas hacer y sin embargo que no pase nada interesante con tu propuesta. Quiero decir, parafraseándote, que sin esfuerzo e inquietudes no se va muy lejos.

Tu primera placa, Jerónimo, llega después de más de veinte años rodando ideas en los escenarios. Por qué en ese momento y no antes?
Creo que las cosas llegan cuanto tienen que llegar, ni antes ni después. En el caso de mi disco, las ideas estuvieron rondando mi cabeza muchos años y la preocupación por tener que plasmarlas según los dictámenes o el criterio comercial de una compañía discográfica aumentaba cada día, porque suponía que tendría que negociar, transigir en ciento sentido, sacrificando parte de lo que yo tenía claro debía ser de una forma y no de cualquier otra. Estando en Barcelona tuve una corazonada: de pronto sentí que era el momento de comenzar con todo esto, no me preguntes por qué, lo sentí. Yo suelo dejarme guiar por las corazonadas. El caso es que enseguida lo llamé a Javier Primo, de Alma 100 Música, y le propuse que lo editemos. Yo sabía que con ellos podía hacer el disco a mi manera porque tenía toda su confianza.

Qué cosas te gratifican del disco y cuáles crees, si así fuera, quedaron en el tintero?
Hombre, en el tintero siempre se te quedan cosas… y menos mal que es así. Mira, por lo general cuando decides grabar algo, al menos así lo veo yo, es porque otras ideas te están ya empujando. El registro es el último paso de un proceso que, como bien sabes, empieza mucho tiempo antes. Por lo tanto, grabas cosas que llevan contigo años y que hasta consideras viejas, por eso nos cuesta tanto escuchar el llamado “disco nuevo”; nos cuesta porque para nosotros cuando sale ya es viejo, ya estamos con la cabeza en otra parte.
Pienso que nadie está completamente satisfecho con el trabajo propio y, naturalmente, yo no soy una excepción. Personalmente, prefiero eso porque creo que constituye toda una actitud autocrítica. Si así no fuera, no seríamos capaces de aprender a hacer mejor las cosas.

Dinos en pocas palabras lo que te dicen estos nombres:

Ramón Montoya
Origen
Sabicas
Proyección
Niño Ricardo
Flamenco
Paco de Lucía
Origen, proyección y flamenco
Enrique Morente
Personalidad
José Antonio Galicia
Entrañable, inolvidable
Felipe Maya
Jerónimo Maya
Camarón
Inmensidad
Ricardo Losada “El Yunque”
Escuela

Un jovencísimo Jerónimo en los camerinos del Carnegie
Hall junto a Paco de Lucía, Sabicas y Enrique Morente 
A propósito de escuelas, crees que hay detrás de la creada por Paco de Lucía una generación de guitarristas que busca diferenciarse?
Creo que no existe el diferenciarse, existe el encontrarse. Pienso que hay cuatro puntos bien claros: para tocar la guitarra flamenca necesitas beber de Ramón Montoya, de Don Agustín Castellón “Sabicas”, del Niño Ricardo y de Paco. Esos son mis guitarristas, después están los que llamo “mis tocaores”, que son Morao, Diego del Gastor, Melchor de Marchena o Felipe Maya por ejemplo. En mi opinión lo que de verdad importa, una vez asimilado lo esencial del arte flamenco, es trabajar en el desarrollo de tu personalidad, y ahí es donde la actitud abierta hacia otras músicas es esencial. Yo disfruto mucho escuchando músicas que sin tener en principio nada que ver con el flamenco me golpean en lo más hondo. Me pasó cuando escuché a Charlie Mingus o Django Reinhardt ¡dios mío! Me llegaron como Camarón o Sabicas. Yo lo que intento, al igual que tantos otros guitarristas flamencos, es condensar estas emociones, no sus músicas, en mi propuesta, llamarías a eso diferenciarse?

Más bien búsqueda…

Pues eso.

A diferencia de la gran mayoría de guitarristas flamencos, en tu formación confluyen las enseñanzas familiares con una sólida formación en el Conservatorio de Música de Madrid. Qué te enseño a amar esta institución, qué queda en tu música de la experiencia académica?
La música tiene la virtud de ser muy camaleónica. Siempre podrás transformar algo que pertenezca a una época y un género completamente diferente al propio, en un elemento de interés para tu música si sabes cómo utilizarlo. Creo que hay un punto en el que la música no es clásica, ni flamenca, ni jazz. La música es corazón que late y se mueve por sentimientos. La verdad es que de mi experiencia en el conservatorio, aunque ciertas cosas pudieran haber resultado algo menos entretenidas en comparación con mi otra escuela, todas me han servido para tener una visión más amplia de la naturaleza de los fenómenos musicales y artísticos.

Tienes una rutina de trabajo para el mantenimiento de la técnica instrumental?
En un momento, cuando era niño, la tuve más que ahora. En la actualidad sigo trabajando mucho pero siempre procurando que ese esfuerzo sea compatible con mi vida familiar y social. De todas formas, hay cosas que aprendí a respetar. Por ejemplo: antes de cada concierto hago sistemáticamente los ejercicios que en su día me puso mi padre, que a propósito, me ponen las manos de la mejor forma. Después, creo que la clave está en pasar el mayor tiempo con la guitarra pero siempre disfrutándola; sacrificarse y sufrir como consecuencia del estudio no creo que a nadie le sirva para ser mejor guitarrista.

Qué cosas crees son las verdaderamente importantes en un buen instrumento para tocar flamenco?
Lo primero, creo, que te guste. La verdad es que yo no soy muy pesado con el instrumento, me interesa que sea cómodo y que responda bien. Si es para acompañar al cante me gustan las blancas, las de ciprés, pero si es para tocar solo prefiero las negras. Yo tengo una guitarra de Domingo Esteso que me regaló Félix de Utrera cuando era niño y es con la que toco desde entonces. Es de palosanto de India y me encanta porque suena en el estilo de la del tío Sabas.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Prueba de guitarra Arcadio Marín “Flamenca negra”

Arcadio Marín en directo con una de sus bellas creaciones,
en este caso, una flamenca de ciprés y pino abeto
La nueva generación de guitarreros madrileños da un paso adelante. Por Manuel Álvarez Ugarte 


Arcadio Marín Dalmau
Nacido en 1967 en Montreal, Canadá, de padres españoles, a los 7 años comienza a estudiar la guitarra clásica, primero en escuelas privadas y luego en el conservatorio de la ciudad. Más tarde, cuando entra en contacto con en el ambiente flamenco de Montreal, se centra en esta música de manera autodidacta y a los 16 años forma parte del cuadro flamenco del "tablao" Chateau Madrid, comenzando una trayectoria profesional como solista y acompañando al baile y al cante. A los 21 años es contratado por la Maria Benítez Spanish Dance Company, con la cual tuvo oportunidad de trabajar durante seis años por todo el continente americano. A principios de los años noventa funda la compañía de baile Noche Flamenca, con base en Nueva York, integrada por artistas españoles y que aún hoy continúa una exitosa trayectoria por todo el mundo.
En 1995 decide instalarse en Madrid continuando su carrera al lado de artistas como Belén Maya, Rafaela Carrasco, Joaquín Ruiz, José Antonio Galicia y Lola Greco entre otros. También colabora en grabaciones para Luis Eduardo Aute y Radio Tarifa. En Junio de 2002, una de sus composiciones gana el Premio a la mejor música original en el XI Certamen de Coreografía de Danza Española y Flamenco. En el 2000, cansado ya de viajar, decide practicar una afición que desde pequeño tiene con la madera y se dedica a confeccionar muebles artesanos hasta que en el verano de 2003 conoce a Arturo Sanzano, quien le enseña las técnicas de construcción de las guitarras clásica y flamenca.
Actualmente Arcadio construye guitarras en su taller, da conciertos con el contrabajista Luis Escribano, el trío Cuentas de Marfil y, ocasionalmente, actúa como guitarrista acompañante, especialmente con el bailaor Joaquín Ruiz y el cantaor Rafael Jiménez “Falo”.

Construcción, tacto y sonido
La tercera, es la vencida? Me lo pregunto, a propósito de verme sentado escribiendo sobre el trabajo de este artista con mayúsculas de la guitarrería madrileña por tercera vez y, claro está, me respondo: ojalá que no. Sí, así como lo lees. En dos ocasiones ya, esta pluma se pronunció respecto de la deliciosa obra de Arcadio Marín con sendos artículos sobre el modelo "Clásica” y la flamenca, reproducción de Marcelo Barbero 1953, con clavijero de madera.
Hoy, una tremenda guitarra de concierto para flamenco, también conocidas como “negras” por estar la caja de resonancia confeccionada con palosanto, nos llena de alegría el alma mientras la sentimos vibrar contra nuestro pecho. Se nos sale el corazón…
Y no es para menos: la producción de este joven luthier, recién cumplida su primera década como artesano en la materia, se afianza cada día más. Y no sólo se evidencia en la primorosa factura de sus instrumentos, cada día más bellos y mejor terminados, es especialmente en materia sonora donde Arcadio saca una rotunda matricula de honor.
El modelo Flamenca negra es una tradicional guitarra con varetaje en abanico al estilo Torres, como las de toda la vida. Parece mentira que algo tan visto suene sin embargo tan novedoso. El timbre: cálido y redondo; la afinación: fantástica, no se encuentran lobos ni problemas de octavado en todo su registro; el tacto: baja acción en un mástil ancho que resulta ideal para vibrar sin riesgo de sacar la primera cuerda fuera del trastero; ceceos? Ninguno, oiga, ninguno, y eso que la piso fuerte... Sin embargo, me tomo la libertad de poner un punto y aparte para hablar de su capacidad emisora.
Dueña de un caudal sonoro francamente bueno, resulta muy apropiada para ejecutar en salas sin amplificación, incluso si la pulsación no es, como en mi caso, la de un guitarrista flamenco, con el característico peso y su consecuente volumen. Admite con excelentes resultados toda una indagación en los matices y el territorio de las dinámicas sin que el color del timbre se vea afectado ni disminuido.
Como colofón, a lo comentado respecto de su estética, he de añadir que, a diferencia de otros modelos anteriormente probados, desde hace un tiempo Arcadio ha decidido barnizar sus guitarras exclusivamente con goma laca a muñequilla, lo que añade un plus de calidez al conjunto tanto en el plano estético como en el sonoro. 
 
Conclusión
Un reencuentro feliz, como ésos en los que uno redescubre a un amigo que hace mucho no ve y comprende lo bueno que es y lo feliz que fueron en otro tiempo. Así nos quedamos, con la sonrisa en los labios y, al mismo tiempo, con la certeza de que tras todo reencuentro hay, inexorablemente, una despedida. Hasta la próxima, Arcadio. Y gracias. Nuestra opinión: excelente.

Foto: Luis Covaleda
Características
Arcadio Marín “Flamenca negra”

Precio: € 3.000
Origen: Madrid, España
Tapa: pino abeto
Aros y fondo: palosanto de India
Tiro: 660 mm
Mástil: cedro de Honduras
Diapasón: ébano
Trastes: alpaca
Clavijero: Gotoh
Acabado: goma laca a muñequilla
Contacto: (+34) 91 517 6907 / E-mail







domingo, 24 de abril de 2011

Abel Fleury, el poeta de la guitarra

"Pájaro nochero, volcador de pasiones auténticas, ahonda la llaga de la emoción a través del embrujo de sus dedos. Siembra a voleo la semilla musical de sus canciones, dialoga con los arroyos, con los árboles. Se aleja solo, infinito de distancia en la noche sonora de la pampa.
Apareció ante un escuadrón maravilloso de guitarras y fue asombrando los rumbos con los clarinazos de sus bordonas.
Abel Fleury no es un guitarrista más, es la guitarra toda por donde se asoma el alma de la patria."

Las palabras que el poeta uruguayo Yamandú Rodríguez dedicara a nuestro protagonista describen sutil pero certeramente los rasgos de su prolífica existencia. Abel Fleury fue, en cierta forma, el inventor de la identidad guitarrística argentina. Precursor y principal responsable de la consolidación de un lenguaje en el que conviven los elementos de la técnica clásica con la música folclórica de su país, principalmente los pertenecientes a la Provincia de Buenos Aires y su área de influencia. Unánimemente reconocido por las posteriores generaciones de músicos argentinos como el creador de una estética nacionalista que tuvo continuidad en artistas más reconocidos como Eduardo Falú o Héctor Ayala, ambos de trascendencia internacional.
La historia musical de la Argentina ha sometido injustamente al olvido la figura de Abel Fleury, su obra es apenas conocida por unos pocos entendidos y superficialmente por los músicos en general. El violero ha querido, a más de cien años de su nacimiento, rendir homenaje a este gigante de las seis cuerdas, inspirado compositor y eximio ser humano al que el mundo de la guitarra le debe tanto como a figuras de la talla de Francisco Tárrega, Fernando Sor, Agustín Barrios o Heitor Villa-LobosRecopilado por Manuel Álvarez Ugarte

Abel Fleury, guitarrista, compositor y aficionado ajedrecista nació en Dolores, Provincia de Buenos Aires, el 5 de Abril de 1903. De familia humilde, su vocación musical comenzó a manifestarse a los once años, de hecho, las primeras nociones sobre el instrumento las recibió de su madre, Doña Juana Peón, de profesión planchadora, que fue quien puso la primera guitarra en sus manos. Sin embargo, fueron las propias inquietudes del joven Fleury las que lo empujaron a relacionarse con músicos populares de su pueblo. Entre ellos, Froilán Rojas, Orlando Urruspuru (guitarrista del célebre cantor de tangos Agustín Magaldi) y Pascual Galeano le transmitieron algo de su personal escuela guitarrística. Poco tiempo después ingresó en el Conservatorio Roig-Siccardi, donde tomó clases de solfeo y teoría musical con Alejandro Roig y de armonía y contrapunto con Honorio Siccardi. A tocar la guitarra aprendió solo, observando, preguntando y escuchando música. Ya en su temprana adolescencia daba lecciones de guitarra a algunos vecinos de Dolores y formaba pequeños conjuntos musicales con sus amigos del barrio; con ellos salía a dar serenatas y a realizar actuaciones en público. Uno de sus primeros conjuntos lo formó junto a dos de sus compañeros de la Escuela de Artes y Oficios: Paul Albuquerque (guitarrista) y Carlos Toussaint (cantante). Con este trío hizo sus primeras presentaciones en la zona.

Tras cumplir los veinte años abandonó Dolores y se estableció en Mar del Plata. Allí, en los años 1926 y 1927 organizó, junto a un grupo de amigos y algunos alumnos aventajados, las Fiestas de la Guitarra. Pero Fleury, pájaro inquieto, volaba de un sitio a otro en busca de nuevas experiencias. Así fue como en 1928 su espíritu itinerante lo condujo a la ciudad de Tres Arroyos, lugar en el que residió durante 8 meses y donde tuvo la oportunidad de conocer al concertista español Andrés Segovia, quien al escucharlo tocar tuvo elogiosos comentarios para con su arte. El reconocido intérprete dijo a Fleury: “Reúne usted facultades que realmente son difíciles de encontrar entre los guitarristas. Especialmente obtiene gran volumen y pureza en las notas, que es lo indispensable para ejecutar en las grandes salas (...)” (Diario La Provincia, Tres Arroyos, 3/8/28).

En 1930 se radica en Tandil durante tres años, donde continúa ofreciendo clases particulares y dirigiendo las ya consagradas Fiestas de la Guitarra. Paralelamente actúa como solista e integrando conjuntos con sus alumnos en el Teatro Cervantes de esta localidad. En una oportunidad compartió escenario con el talentoso maestro español Francisco Calleja, de trascendencia internacional.

Fernando Ochoa, Martha de los Ríos, Abel Fleury y
Argentino Valle
1933 es el año en el que se establece definitivamente en Buenos Aires. Antes de partir, su amigo, el poeta Lauro Viana le entregó una carta para el actor y recitador criollo Fernando Ochoa. El propio Fleury comentaría años después: “Cuando pisé Buenos Aires traía una carta y una guitarra. Valía más la carta que la guitarra (...)”. (Revista Radiolandia, octubre de 1937). Su texto decía: “Querido Fernando, aquí va este amigo. Lleva una guitarra ecuménica que se envalentona con acordes de Beethoven, es un galope de aguas claras con Bach, recuerda las nieblas de Grieg o se emponcha de tristeza como de gauchos en un estilo criollo. Una guitarra que de tanto empinarse al cielo tiene una estrella en el rosetón de cada clavija”. Ochoa escuchó emocionado la guitarra de Fleury y a partir entonces la incorporó a sus audiciones radiales para hacer el fondo musical a sus recitados. Fleury interpretaba algunos temas individualmente y además actuaba con sus Escuadrones de Guitarras, creados y dirigidos por él mismo. Estos conjuntos de guitarras contaban entre doce y quince intérpretes. Por sus filas pasaron nombres destacados como Roberto Grela, Héctor Ayala y Ubaldo de Lío entre otros. Con ellos, además de las actuaciones radiales, se presentaban en teatros y realizaban algunas giras por el interior del país. 

Afiche de la obra de teatro
"Joven viuda y estanciera",
de Claudio Martínez Payva 
También participaba en los finales de fiesta de las obras teatrales de Claudio Martínez Payva: "Joven, Viuda y Estanciera", "Ya tiene comisario el pueblo", etc. Estas obras teatrales luego fueron llevadas al cine, donde también participó Fleury con sus Escuadrones de Guitarras. En la misma época intervino en audiciones radiales compartidas con el poeta uruguayo Yamandú Rodríguez y su compatriota, el actor Santiago Arrieta. En declaraciones de diciembre de 1955 al periódico El Atlántico de Bahía Blanca, Fleury contó cómo en 1939 llegó a presentar en el Teatro Colón de Buenos Aires un conjunto de cien guitarras. También fue en la década del 30 cuando conoció en Buenos Aires, en una reunión íntima, al famoso poeta español Federico García Lorca, quien tras escucharlo tocar le expresó: "Chico, tú no eres de América, eres del mundo".

El amor por la música y los libros corría parejo con otra pasión: el ajedrez. Su afición a este juego lo llevó en 1945 a participar en San Carlos de Bariloche de una partida simultánea donde resultó ganador; en la misma intervino el entonces campeón nacional Jacobo Bolbochán. Entre 1947 y 1948 inicia sus giras por el continente americano: en Chile, ofreciendo conciertos en las ciudades de Santiago, Viña del Mar, Valparaíso y Temuco. En Brasil, país que recorre en casi toda su extensión hasta llegar a las proximidades del Matto Grosso, donde actuó en forma permanente durante los últimos diez años de su vida, y por último, en Uruguay.

Fue a fines de noviembre de 1952 cuando viajó a Europa iniciando una gira que abarcó España, Francia y parte de Bélgica. En España realizó, con el auspicio del Instituto de Cultura Hispánica, una serie de conciertos que abarcaron Madrid, Granada, Sevilla, Huelva, Zaragoza y Barcelona. También allí tomó contacto con grandes figuras del arte guitarrístico español: Daniel Fortea, uno de los discípulos más destacados del inmortal Francisco Tárrega y Regino Sainz de la Maza. Este último, al finalizar el guitarrista argentino su actuación, se acercó a saludarlo, luego le pidió el instrumento, lo pulsó un instante y al rato se lo devolvió exclamando ¡Esta guitarra está embrujada!. Su expresión se debía a que la guitarra de Fleury tenía la primera cuerda muy al borde del diapasón, y al pulsarla se deslizaba fuera del mismo impidiendo ejecutarla cómodamente. Recogió aplausos y elogios. El musicólogo y crítico de arte López Chávarri, en el diario Las Provincias de Valencia sostuvo: "Su concierto fue una maravillosa lección de estilo. Sugerencias maravillosas nacían de su guitarra que, en sus manos, vuelve a ser el instrumento misterioso que apenas si desde el gran Tárrega nos es dado oír (...)". Termina el comentario: "Sí, un gran maestro, un gran emotivo, un gran artista este Abel Fleury que recibe las entusiastas ovaciones con una sonrisa de colegial, carente de todo orgullo y de toda afectación". "Porque como todos los grandes maestros del hispano instrumento, Abel Fleury es un franciscano de la guitarra (...)" (Diario Las Provincias, Valencia, 19/02/53).

Al repertorio de sus conciertos, además de autores nacionales y clásicos, agregó temas de compositores americanos, convirtiéndose en uno de los primeros difusores de la música latinoamericana para guitarra por el mundo. En los programas de sus conciertos incluía obras de Heitor Villa-Lobos, Dilermando Reis, Agustín Barrios, Eduardo FaviniManuel Ponce, Jorge Gómez Crespo, Juan de Dios Filiberto y Sebastián Piana, como así también de compositores como J. S. Bach (del que interpretaba La Chacona), Napoleón Coste, Francisco Tárrega, Fernando Sor, W. A. Mozart, Beethoven o Haendel, entre otros.

En 1953 regresó a la Argentina y continuó ofreciendo conciertos en su país, Uruguay y Brasil, hasta que el 9 de Agosto de 1958, a los 55 años de edad, se apagó para siempre la antorcha musical de su guitarra misteriosa. A más de medio siglo de su desaparición física, la música de Abel Fleury, sin publicidad alguna, se sigue transmitiendo silenciosamente a las nuevas generaciones, venciendo al tiempo y al olvido. Su partida definitiva al silencio inspiró en el poeta Pedro Boloqui las siguientes palabras:

Ha muerto más la armonía,
lograda en su arte nativo,
mantiene su nombre vivo,
como un farol en la huella,
nunca el olvido hará mella,
para arrancarlo de aquí.
Y, si dejó tras de sí
tiernos corajes vibrando,
en ellos sigue flotando
el alma de Abel Fleury

Información complementaria de interés

El compositor
Desde temprana edad mostró una gran sensibilidad y especial talento componiendo temas que reflejan con emoción y veracidad el espíritu y los paisajes de la provincia de Buenos Aires. Estilo Pampeano, una de sus obras cumbres, figura desde hace más de tres décadas como pieza obligatoria en la escuela musical de Tomsk (Siberia, Rusia). Fleury nunca estuvo en ese país, probablemente ni hubiera imaginado que su música alcanzara horizontes tan lejanos. Una vez al año, guitarristas rusos le rinden un homenaje en esa localidad siberiana, donde interpretan de 15 a 17 obras de su inspiración.

Las editoriales argentinas Ricordi y Lagos, ambas absorbidas por la multinacional Warner Chapell, publicaron integralmente su obra para guitarra. Los títulos actualmente disponibles son: 

A flor de llanto (milonga)
Ausencia (milonga)
Cantar de mi pago (estilo)
Cifra y sobretarde (triste)
Chamamé (baile popular correntino)
De clavel en la oreja (milonga)
Milongueo del ayer (milonga porteña), para una y dos guitarras
El cuándo (danza popular)
El desvelao (gato)
La firmeza (danza tradicional argentina)
El tostao (estilo)
Estilo pampeano (estilo)
Guaymallén (cueca)
La cimarrona (ranchera)
Lejanía (estilo popular)
Mudanzas (malambo)
Pago largo (variaciones sobre la huella)
Pájaros en el monte (pericón)
Real de guitarreros (floreos de milonga)
Relato (preludio criollo)
Te vas milonga (milonga porteña)
Tonada
Trinos y alas (chacarera)
Vidalita
Fortín Kakel (milonga)
Pico blanco (chamarrita-milonga)
Para Abel Eduardo (vidalita)
El codiciado (triunfo)
De sobrepaso (milonga)
Dos canciones criollas: Alma en pena y Cimbronazo

Composiciones para canto
Además de la música para guitarra, Fleury compuso las canciones Camino del recuerdo y Cruzando tu olvido, ambas con letra de Lauro Viana. Con este autor también compuso Pico Blanco Brindis de Sangre. Junto a José R. Suarez: Tango Criollo y, con letra de Claudio Martínez Payva, la canción criolla Alma en pena.


Contraportada del LP "Guitarras en el tiempo"
Grabaciones
Dejó pocas placas grabadas, no llegan a 10 discos de 78 r.p.m. posteriormente regrabados en vinilo. Unos figuran en un larga duración denominado Guitarras en el Tiempo, que contiene de un lado grabaciones de Atahualpa Yupanqui y del otro de Abel Fleury.
Existe otro larga duración: Queridos ausentes del folklore, con grabaciones de distintas figuras del género, entre ellas dos temas interpretados por Fleury: Relato (preludio criollo) de su autoría y Clavel del aire (canción porteña) de Juan de Dios Filiberto.

Bibliografía consultada
"Abel Fleury, El poeta de la Guitarra". Fascículo de Héctor García Martínez, con fotografías de época, comentarios y programas de actuaciones.
"Abel Fleury". Biografía de Gaspar Astarita, con comentarios y fotografías de época.