miércoles, 21 de marzo de 2012

Prueba de guitarra Ana María Espinosa Rodríguez "Clásica"

Ana María Espinosa en su taller de Lanjarón (Granada)
Guitarra clásica de concierto construida en Lanjarón, Granada. Delicado sonido y exquisito tacto. Por Manuel Álvarez Ugarte

La historia de esta guitarrera granadina comienza en 1996. En ese año, y bajo la tutela del luthier holandés René Baarslag, construye su primer ejemplar. En un principio tomó como referencia un modelo de Antonio de Torres, pero con el tiempo, tras descubrir los secretos tanto de la artesanía como del funcionamiento acústico, comenzó a introducir variantes hasta concluir en un sistema propio. Nueve años después, el talento de Ana se confirma, los guitarristas quieren sus instrumentos y para ello se ponen a la cola de una larga lista de espera. Hoy nos centramos en una de sus más recientes creaciones dentro de la línea clásica. De su jardín, esta flor.

Construcción tacto y sonido
En los numerosos años de ver instrumentos y probarlos he publicado numerosos artículos sobre guitarras construidas por señores guitarreros y, curiosamente, ninguno de una señora luthier. Afortunadamente la hora ha llegado, a nuestras puertas golpeó Ana María Espinosa Rodríguez, maestra en el arte de la artesanía guitarrera, para enseñarnos una significativa muestra de su esmerada labor.
El modelo firmado por nuestra protagonista a principios del año 2005 es, sin rodeos, un excelente trabajo. Construida con materias primas de primera calidad: pino abeto alemán en la tapa armónica, palosanto de India en aros y fondo, cedro de Honduras y ébano en el conjunto mástil-diapasón, nada más pulsarla enseña lo mejor de sus encantos: el timbre. Una vez más, nos encontramos refiriendo a este particular como si se tratara de lo más importante, y es que en cierta medida lo es. Un timbre personal, unido a todo aquello que se espera de una gran guitarra: afinación, volumen, respuesta, equilibrio, constituye, de algún modo, una garantía de su capacidad para articular colores, dinámicas y matices. En definitiva, transformar en producto musical vivo todo lo que habita en el universo de ideas del ejecutante.
La guitarra que nos ocupa este mes es poseedora de todo aquello y además presume de un timbre –por lo menos desde el punto de vista del que suscribe- delicioso. Atributos acústicos aparte, el abordaje del diapasón es cómodo y la escala que forman los diecinueve trastes de alpaca no sólo es correcta, oh milagro de los procesos empírico-científicos, el Si del decimonoveno traste de la prima ¡afina bien! El recorrido por las diferentes tesituras confirma la intuición que sobre su estupenda afinación tenía, como así también la casi completa ausencia de notas muertas. Además, el detalle de poner un punto sobre el borde del diapasón a la altura de la casilla VII, es todo un acierto.
Desde el punto de vista de la estética, hay que reconocerlo, las manos de Ana María han hecho de lo que podría ser un simple mueble, un bellísimo y sutil encaje de exquisitos detalles: dobles ribetes en la tapa junto a delicados filetes perfilan las cenefas de los aros y el fondo, dando el contrapunto más apropiado a un fino mosaico confeccionado artesanalmente.
La también delicada pala (de diseño propio) exhibe un original tallado y la oportuna elección del preciso clavijero alemán Rubner, equipado con paletillas de madera, suma un punto estético al tiempo que asegura firmemente la tensión de las cuerdas.
Para terminar, hay que destacar que el barnizado aplicado ha sido goma laca a muñeca, apenas una delgada capa, para que la madera vibre sin condicionantes y gane en brillo y profundidad con el tiempo.

Características
Ana María Espinosa Rodríguez “Clásica”

Precio: € 3.000 (precio del año 2005, consultar actualización al teléfono de contacto)
Origen: Lanjarón, Granada, España
Tapa: pino abeto alemán
Aros y fondo: palosanto de India
Mástil: cedro de Honduras
Diapasón: ébano
Trastes: alpaca
Acabado: goma laca a muñequilla
Contacto: 95 877 0442

martes, 28 de febrero de 2012

Entrevista a Georgina Hassan (2012)

Georgina Hassan en Buenos Aires
Aprovechando su concierto en Madrid en octubre de 2011, El violero habló con una de las voces emergentes de la nueva canción en Argentina. Compositora, cantante, guitarrista y cuatrista, Georgina Hassan (Buenos Aires, 1977) compartió con nosotros ideas e impresiones sobre esta parte del camino recorrido. Por Manuel Álvarez Ugarte

Escribo estas líneas justo cuando se cumplen 10 años de la primera vez que mi camino y el de Georgina se cruzaron. Recuerdo aquel febrero de 2002 como si fuera ayer: ella estaba de viaje por España y me contactó, casualidades de la vida, por medio de un maestro que, sin saberlo, habíamos tenido en común: José Luis Merlin
Vino a visitarme a casa, charlamos, tomamos mate, comimos juntos y nos enseñamos lo que cada uno hacíamos. Mucha agua bajo el puente y una década tuvo que pasar para que los caminos pudieran volver a cruzarse, esta vez ya sobre el escenario, compartiendo músicas y con la certeza de que, en cierta forma, cada uno a su manera y desde su lugar, seguíamos en la búsqueda de una forma nueva de decir nuestra música popular. Las palabras que siguen son el testimonio de ese encuentro.

Comencemos hablando de ti como compositora, cuéntanos cómo trabajas, tus procedimientos, los procesos...
Mi forma de trabajar es bastante caótica, no tengo un método ni un orden, pero sí necesito estar en soledad para comenzar la búsqueda. La mayoría de las veces aparece primero la letra de la canción y desde allí empiezo a indagar y voy de la guitarra al teclado o al cuatro improvisando y grabando. Muchas veces me despojo de todo y canto a capella para no encarcelarme en la armonía.
Tener muchas limitaciones en un instrumento es, a veces, una bendición, porque estás mas despojado de conceptos. Eso me pasó una vez jugando con el violoncello y de esa experiencia nació la canción Velo por veloOtras veces aparece todo junto, letra y música, o un pequeño estribillo que pide que lo “desovillen”.


Qué crees tiene que tener una simple idea, un retal, para que te lleve a una canción?, Y por el contrario, qué te hace descartarla? 
Creo que cualquier boceto puede ser una canción y a menudo lo que más cuesta es hallar una idea porque uno espera algo especial o grande y entonces la inmensidad de posibilidades limita. Me ha pasado de tener que componer a pedido o con una consigna y es realmente asombroso como esa limitación es disparadora de la creatividad.
En general descarto una idea cuando me aburro en el proceso. Es entonces cuando la dejo descansar horas, días o años, o le pido a algún músico que se encargue de la melodía o la letra.


Háblanos de las mujeres creadoras de música popular en Argentina, podemos referirnos a una generación, la tuya, que se ha desmarcado de la tradición señalada por el binomio tango-folklore? 
Si, creo que las mujeres de mi generación dedicadas a la música hemos tenido y aún tenemos la necesidad de decir desde la composición algo propio y que tiene que ver con una identidad atravesada por la diversidad de músicas y culturas que hemos absorbido. Por supuesto que a lo largo de la historia de la música popular argentina han existido compositoras maravillosas como Hilda Herrera o Suma Paz, por citar a dos grandes dentro del folklore, pero siempre han sido muy pocas dentro del binomio tango-folklore del que hablas. Quizás en otros géneros como el rock o el pop ha sido más fácil tener ese lugar.
Dentro del tango-folklore las mujeres han tenido demasiado tiempo el papel de interpretes y ya hace muchos años que están pasando a ser protagonistas, encontrando una voz y una manera de decir propias. Por supuesto que no es fácil romper con las reglas tácitas, pero es reconfortante ver la cantidad de compositoras que van surgiendo en este tiempo, como es el caso de Cecilia Zabala, Luvi Torres, Gaby La Malfa, entre muchas otras.


De dónde te viene ese interés por la conjugación de colores, aromas, ritmos, paisajes, lenguas?
Siempre sentí una gran avidez por la diversidad, por lo “diferente”, una pasión por conocer y mezclarme con gente de otras culturas. Hay un hecho bisagra en mi vida: cuando cumplí 15 años le pedí a mis padres viajar a Cuba en lugar de hacer la gran fiesta con vestido blanco y “carrozas de fuego”. Un año después viajé a la Isla a cosechar naranjas dentro de una “brigada sudamericana de trabajo voluntario”. Fue una experiencia transformadora porque pude conocer gente de Chile, Ecuador, Perú, Brasil, Bolivia, Uruguay y acercarme a las veladas que se hacían por las noches en el campo, escuchando la música y los acentos de cada una de las culturas. De más está decir que no dormía con tal de no perderme esos momentos. Volví a mi casa y comencé a buscar toda esa música entre los discos de mi padre. Creo que ese fue el puntapié inicial al que le siguieron muchos otros viajes y experiencias humanas y musicales muy profundas. Creo que todo esto está presente en la música que compongo.


Hasta que decidiste ponerte al frente de tus proyectos hubo un largo camino recorrido. Háblanos de esas experiencias y de cómo fue definiéndose tu camino como solista.
Mi primer proyecto musical fue un grupo de folklore de proyección llamado Cenzontle. Lo integraba junto a compañeros de la Escuela de Música Popular de Avellaneda donde hice mi segunda carrera musical. Fue un proyecto que duró cuatro años, desde 1995 a 1999. La propuesta era hacer folklore argentino con influencias de otros géneros como el rock, o la música uruguaya. Casi todos los temas eran compuestos por alguno de los integrantes, pero en ese momento yo aún no me atrevía a escribir.
En 1999 formé junto a otros cuatro músicos el grupo La Cuerda, dedicado a la interpretación de música latinoamericana.
Fue a partir del año 2002 que comencé mi carrera como solista casi por necesidad: en ese año realicé mi primer viaje a Europa y empecé a cantar sola o con los músicos que conocía en cada lugar. De a poco fui intercalando, con pudor, mis propias composiciones entre las canciones de otros autores y con el tiempo la ecuación se invirtió: ahora la mayoría de las canciones que canto son propias.


Primera luna y Como respirar, en orden cronológico, son los títulos de tus discos en solitario, cuéntanos qué propone cada uno de ellos.
Primera Luna es mi primer disco solista y constituye el cierre de una etapa muy nómada de mi vida. Casi puedo decir que fue la excusa perfecta para quedarme un poco quieta en Argentina.
En 2004 estaba volviendo de vivir un año en Chile y mi hermano, Ariel Hassan, que fue el productor del disco, me instó a realizar la grabación. Siempre le voy a agradecer por ello…
En Primera Luna se refleja el momento del que hablé anteriormente, en el que aún era mayormente intérprete y comenzaba a asomarse tímidamente la compositora.
Creo que Primera Luna es un disco muy auténtico porque elegí cantar solo lo que realmente me representaba y además muy cuidado en los arreglos, realizados por Pablo Fraguela, con un sonido acústico y el acompañamiento de músicos excelentes. Fue mi tarjeta de presentación, fue un disco que me abrió muchas puertas.
Como respirar, sin embargo, marca este salto a la composición del que hablaba (de las 12 canciones 9 son propias) y también a la autogestión, ya que fue realizado de modo absolutamente independiente. Es un disco que también tiene un sonido acústico pero refleja una búsqueda sonora más intuitiva. Además, cuenta con el talento y la creatividad de muchos músicos que fueron invitados y enriquecieron cada canción: Marcelo Moguilevsky, Facundo Guevara, Raly Barrionuevo, entre muchos otros de Argentina, e invitados de otros lugares como Kepa Junkera, de Bilbao, Erik Manouz, de Alemania y Daniel Cantillana, de Chile.


Georgina durante la producción de Como respirar
He notado que entre las versiones incluidas en tus discos, la presencia de compositoras mujeres es una constante, lo mismo que en algunos proyectos con otras artistas. Alguna voluntad de reivindicar algo, un mensaje?   
Desde que comencé con mis proyectos musicales, casi exclusivamente los he compartido con hombres. No fue una decisión sino una consecuencia natural. Pero hace algunos años me fui encontrando con diferentes mujeres y tuve la necesidad de hacer algo con ellas. Me di cuenta de que la energía de trabajo era otra y que yo también necesitaba nutrirme de aquéllo y compartir no solo las experiencias musicales, sino también las dudas e incertidumbres de ser mujeres compositoras y en una mayoría “autogestionadas”. Desde entonces he tendido hermosos encuentros en Argentina con Cecilia Zabala, Luvi Torres, Laura Ledesma y, más recientemente, siendo parte de un ciclo llamado Locro Ceviche Farofa, donde nos juntamos cuatro compositoras: Ariadna Prime y yo, de Argentina, Sandra Peralta, de Perú y Tatiana Parra, de Brasil. Y no solo compartimos nuestras composiciones, sino que también creamos nuevas canciones entre todas. Fue una experiencia hermosa.
También compartí conciertos con compositoras de otros países como Ana Prada e Inés Saavedra, de Uruguay, Natalia Contesse, de Chile y Marta Gómez, de Colombia.
Otro proyecto que surgió hace un par de años y que tiene que ver con la voz de las mujeres es 7 esquinas, un espectáculo poético musical. Nos juntamos con Gabriela Borrelli Azara, locutora y mujer de letras y tomamos la poesía de siete mujeres argentinas de diferentes épocas (desde principios del siglo XX hasta nuestros días) y regiones del país. En su gran mayoría estas mujeres murieron sin que su obra tuviera difusión y han sido llamadas poetisas, palabra que nace de modo peyorativo para definir a las mujeres que escriben poesía.
A mi me tocó la hermosa y difícil tarea de musicalizar los poemas de María Eloísa Zamudio, Susana Thénon, Emilia Bertolé, Amelia Biagioni, Diana Bellessi y Julia Magistratti.


Crees que hay un pensamiento con perspectiva de género entre las creadoras de tu generación?
Yo creo que hay una manera de decir que es femenina, es algo que está en ebullición y crecimiento, que está encontrando su propia estética en cada una de nosotras. Intercambiar y compartir nos fortalece y va moldeando la propia identidad.


Georgina Hassan y Diego Penelas en directo
Has ofrecido conciertos en numerosos países de América y Europa. Qué te ha enseñado el tránsito por escenarios donde ciertos códigos, eminentemente locales, no son tan evidentes?
Vengo de un país donde el púbico es absolutamente comunicativo y entusiasta, pero hacer conciertos en lugares donde la gente no habla tu idioma y que te escucha y agradece al finalizar el concierto es algo que conmueve.
Lo que me ha enseñado pararme frente a diferentes públicos ha sido creer en lo que canto. Las primeras veces que me animé a cantar mis propias canciones fue frente al público portugués. Pensé que nadie me juzgaría, que no perdería nada porque nadie allí me conocía. Sucedió que al terminar el concierto toda la gente que se acercó me preguntó por esa canción que había cantado aunque yo nunca había dicho que era mía. Me di cuenta de que, evidentemente, yo estaba transmitiendo algo diferente cuando cantaba desde mi propia voz.


Un deseo que quisieras que tu obra te ayudara a alcanzar.  
Tengo dos pequeñas historias: hace algunos años un hombre me escribió para contarme que su mujer había dado a luz a su hija mientas escuchaba mi música.
El año pasado, para mi cumpleaños, el cartero llegó a casa trayendo un sobre con muchas cartas de los alumnos de 3º E, de una escuela carenciada de la provincia de Santa Fé. La maestra me agradecía porque, según me relataba, había tenido muchos problemas de conducta y concentración con sus alumnos y había comenzado a ponerles mis discos. En poco tiempo los chicos comenzaron a cambiar de comportamiento y en sus hermosas cartitas me contaban que todos los días escuchaban mi música mientras hacían sus tareas.
Que mi música pueda ser parte de la vida de las personas, acompañarlas y ayudarlas, es mucho más de lo que siempre imaginé como un deseo.

domingo, 29 de enero de 2012

Entrevista a Luis Salinas (2006)

El epílogo del mes de marzo de aquél lejano 2006 trajo hasta Madrid, en el marco de una gira española, al genial guitarrista argentino Luis Salinas. El violero no dejó pasar la oportunidad de reunirse a conversar con el que está considerado uno de los guitarristas de jazz más brillantes del momento y te ofrece, en exclusiva, una entrevista diferente. Por Manuel Álvarez Ugarte

La mañana del 23 de marzo fui hasta el hotel Trafalgar, en el madrileño barrio de Chamberí, a entrevistar a Luis Salinas. Aproximadamente siete años separaban este encuentro de la última vez que asistí a un concierto suyo en Buenos Aires y algo más de quince, de la época en la que Salinas era un ilustre desconocido que tocaba los domingos en un zulo de la calle Paraná, en la capital porteña. Como guitarrista y compatriota suyo, testigo de la magia de docenas de conciertos y jam sessions compartidas por él con grandes figuras de la guitarra del mundo, su crecimiento y proyección internacional, debo reconocer que el encuentro con Luis me tenía en proporción más nervioso que ilusionado. La casualidad quiso que, nada más verme, Luis me dijera: -Yo a vos te conozco, de dónde? -De la época del “Oliverio” quizás, le respondí. Comenzó entonces una espontánea conversación de la que las líneas que siguen dan cuenta. Como aclaración, y acaso por intentar reproducir con la mayor fidelidad posible el espíritu de la charla, he procurado mantener intacta la gramática y el acento rioplatense que inundó el encuentro.

Cómo te aproximás a la música y de qué forma se da esa formación autodidacta?
Mirá, una vez me preguntaron cómo fue que elegí la guitarra, yo respondí que en realidad, creo que la guitarra me eligió a mí. Mi mamá siempre contaba que cuando era un bebé que apenas gateaba, tiraba los juguetes por todos lados y lo único que ponía en un rincón con cuidado era una guitarrita de juguete. Ella sostenía que yo fui guitarrista antes de saber lo que era tocar. Luego, la verdad es que en mi casa se tocaba mucha música porque tanto mi padre como mi padrastro eran buenos músicos, guitarreaban hasta tarde y yo estaba siempre ahí, oyéndolos, imitándolos, jugando a tocar… Realmente yo no me acerqué a la música, la música estaba ahí. Siempre digo que hay dos formas de ser músico: una, por elección, otra, por que no podés ser otra cosa. Yo soy de los segundos. Después, la realidad es que desde un principio hice exactamente lo mismo que ahora: aprender de los músicos con los que tuve la suerte de compartir escenarios. Tengo una relación totalmente apasionada con el instrumento al punto de saber que si tengo una cita no debo agarrar la guitarra antes porque si no, es seguro que llego tarde. La música para mi es una necesidad, como respirar o comer, no puedo imaginar la vida sin ella. Si alguien me preguntara qué haría de nuevo, respondería con toda seguridad: tocar la guitarra.

Quiénes resultaron ser figuras claves en tu formación como músico y artista?
En un principio mis mejores maestros fueron los discos. Cuando uno quiere aprender busca imitar a los que tocan bien. Figuras claves fueron muchas, por citarte algunas: Baden Powell, con quien tuve el privilegio de tocar una vez en Buenos Aires y la suerte de que se quedara a escucharme; Roberto Grela, el más grande guitarrista de tango de todos los tiempos; Atahualpa Yupanqui; Carlos Santana; Joe Pass; George Benson; Paco de Lucía… Como verás, guitarristas muy diferentes pero con una coincidencia fundamental: cuando tocan, en su música se escucha el paisaje. Debo decir que soy una persona afortunada, porque a la mayoría de los músicos que te mencioné tuve oportunidad de conocerlos y hasta de tocar con ellos. Con Paco (de Lucía) tengo una anécdota muy curiosa: hace muchos años, él tocó en el Teatro Coliseo de Buenos Aires y yo fui a verlo, estaba en la puerta de teatro cuando entró y saludó a varios, entre los que me contaba. Soy tan tímido que no fui capaz de decirle nada más que “hola”. Luego, 12 años más tarde, ocurrió que él tocaba en Rosario, una ciudad del interior de la Argentina y yo volví a verlo. Entonces, alguien me ofreció ir a saludarlo al camerino, acepté un poco nervioso y cuando entré lo vi sentado frente al espejo, me miró y dijo: -¡Al fin te conozco!, Cuál es tu próximo disco? Porque los otros ya los tengo (risas) ¡Qué vueltas tiene la vida!, Viste? Quien me lo iba a decir a mí. Esta suerte que me ha llevado a compartir escenarios con pesos pesados como Benson, B.B King y tantos otros no la tiene cualquiera. Si me la merezco o no yo, eso ya no puedo decírtelo. Lo cierto es que he tenido -y tengo- una escuela de lujo: mis amigos.

Luis y su "Antigua Casa Núñez"
Hablemos de lo que durante años fue tu trabajo de base en Buenos Aires, las presentaciones en el mítico “Oliverio” de la calle Paraná, por donde pasaron grandes figuras a conocerte y tocar contigo.
Bueno, en realidad, antes de “Oliverio” hubo largos años de rodaje en escenarios de lo más variopinto de la noche porteña. He tocado en boliches de música negra, brasileña, salsa, boleros y hasta en un cabaret cantando a Serrat, concretamente, las canciones del disco Mediterráneo. Pero es verdad que “Oliverio” fue el punto de partida para muchas cosas. Para empezar, el dueño del local, que un principio no confiaba en mí, me dio los domingos. Lo hizo por miedo a estropearle la rentabilidad al sábado. El caso es que al final me salió bien, porque el domingo era el día que a la mayoría de músicos extranjeros que pasaban a tocar por Baires les quedaba libre. Así comenzaron a acercarse varios personajes: Scott Henderson, Alan Holdsworth, Chick Corea, Frank Gambale… Venían a escuchar y yo los invitaba a subir al escenario.

Así pasaron muchos años, jams alucinantes hasta las cinco de la mañana, hasta que una noche pasó por allí Gustavo Santaolalla, que llevaba ya muchos años viviendo en Estados Unidos; yo por aquel entonces ya había viajado a Suecia a grabar el primer disco: Aire de tango, y se acababa de publicar un CD en directo grabado justamente ahí, en “Oliverio”. Él me dijo: -Vos no tenés que cambiar nada para grabar, vos lo que necesitás es que te escuche mucha gente. Después quedamos en mi casa, le pasé los discos y se volvió a Los Ángeles. Cuatro meses después me llama por teléfono y me dice: -Conocés a Tommy Lipuma? -No, le dije. -Bueno, mirá entre los discos que tenés en casa. Ahí fue cuando descubrí que Lipuma era el productor de Miles Davis, George Benson, y tantos otros. -Bueno, él quiere grabarte un disco. Me dijo. Imagináte cómo me puse.

Qué vino a partir de eso?
Bueno, viajé a Estados Unidos y fui a la oficina de Tommy Lipuma, que estaba en un piso treinta en Manhattan. Cuando llegué vi colgados en las paredes discos de platino, oro, Grammys, etc. Muy fuerte… Me mereceré yo esto? Pensé. Digamos que ahí fue cuando empezó un poco la historia a nivel mundial con mi carrera. Con ese áurea viene España, que ahora es como mi segunda casa. Para serte sincero, la verdad es que España me dio, de entrada, un miedo bárbaro, porque si hay un lugar difícil para tocar la guitarra es acá. Los primeros conciertos que di fueron en el “Café Central”. Como el “Central” te da siempre una semana y en una semana pasan muchas cosas, aquí se empezaron a dar un montón de amistades. Con Tomatito, a poco de conocernos hicimos un disco que tuvo mucho éxito: Palabra de Guitarra Latina, y a continuación, una gira con él, Raimundo Amador, Larry Coryell, etc. Las cosas, sencillamente comenzaron a rodar.

Al hilo de esto, tu extensa discografía en solitario comenzó sin embargo hace apenas 13 años. Cuántas cosas cambiaron en tu vida profesional desde entonces?
Muchas, pero la más significativa fue que acaso grabando encontré una forma propia de hacer música. Una vez pasada esa etapa en la que uno escucha de todo y busca imitar a tal o cual, recoger esas influencias y ponerlas en tu música, demostrar de alguna forma, que sos capaz de lo que sea, entonces viene una fase en la que lo que buscás –al menos así me pasó a mi- es ser lo más personal posible.

La música argentina y latinoamericana vista con los ojos del jazz o el jazz desde un enfoque esencialmente latinoamericano?
Buen punto… La verdad es que a mi me cuesta mucho analizar la música. Prefiero siempre tocar primero y escuchar después. Supongo que como argentino, el amor hacia las músicas de mi tierra me sitúa justo en la segunda parte de tu pregunta. En el fondo, siempre pensé que para tocar bien una música, la que sea, hay que ir hasta el fondo de ella. En ese sentido, tanto para el jazz como para el tango o el folclore busco la comprensión, pero al mismo tiempo libertad para ser yo mismo. En una oportunidad hablando con Hermeto Pascoal y Adolfo Ábalos, les pregunté si a veces no sentían miedo de, por abarcar mucho, apretar poco. Los dos, siendo uno más tradicionalista y el otro más contemporáneo, me contestaron lo mismo: Lo importante es que seas sincero con vos mismo. Si tocás lo que sentís, entonces eso será lo que mejor le llegue a la gente.

Cómo trabaja Salinas con el instrumento, hay una rutina de estudio sistemática o simplemente una relación afectiva sin horarios ni esquemas?
Lo segundo, porque además, con los años uno debe procurar mantener la pasión por el instrumento. Ya es mucho el tiempo que llevo moviendo los dedos por el diapasón, es importante que haya frescura en la relación con la guitarra. Siempre lo digo: a mi la guitarra me gusta fuera del estuche. Creo que, considerando que en el fondo lo que la gente va a buscar cuando te va a escuchar es música, no hay que perder de vista que la verdadera estrella es ella. Cuanto menos nos interpongamos entre la música y el instrumento, mejor.

Contános cómo sigue esta gira y en qué proyectos estás trabajando.
La gira, después de estos tres conciertos en el Clamores, sigue en Murcia, Valencia y Barcelona. En julio vuelvo y además de España tocaré en Alemania, Holanda y Francia. En el plano de ediciones, saldrá en breve un disco doble (CD y DVD) grabado en vivo en el Rosedal de Buenos Aires el año pasado, que resume unos shows en los que tocamos al aire libre para unas 15.000 personas; después, también el año pasado, grabé un disco con músicos argentinos, chilenos y uruguayos, aún inédito, que creo, desde el punto de vista de lo que es la base rítmica, es lo mejor que he hecho hasta ahora, saldrá en breve. Ahora mismo estamos proyectando cosas con Tomatito y Javier Limón, que quiere que hagamos un disco con Richard Bona, el Negro Hernández, Piraña y Niño Josele. Aún es pronto para hablar pero el asunto pinta bien.

Con qué guitarras estás trabajando en directo y estudio?
Mirá, yo tuve mi primera guitarra recién a los 27 años porque antes de esa edad no tuve plata para comprarme nada. Siempre toqué con guitarras prestadas, a veces muy buenas pero casi siempre muy malas. Por eso, cuando pude empezar a elegir, el criterio me fue guiando, principalmente, por la vía de descartar todo aquello que me recordara a lo malo de las guitarras prestadas. En las eléctricas a mí siempre me gustó mucho el sonido de las Gibson, especialmente el modelo Les Paul y las de caja, tipo 335 o así. En cuanto a las españolas, hace muchos años que tengo una clásica de la Antigua Casa Núñez, de Buenos Aires. Pero de las viejas, las que tocaba Atahualpa, viste? Hasta ahora no me crucé con ninguna que me guste más. De todas formas, no soy muy pretencioso, de hecho, para tocar en vivo con nylon uso una Godin, que está a mitad de camino entre la eléctrica y la guitarra de jazz, es muy linda y no acopla, pero hay que aprender a tocarla, porque si le das la intención dinámica de la guitarra de caja no funciona. Ahora… cuando le encontrás el punto, es alucinante.

Luis Salinas nació en Monte Grande, una ciudad muy cercana a Buenos Aires. Las influencias de su padre y su padrastro, ambos músicos, lo animaron a tocar la guitarra desde edad muy temprana. La ductilidad del guitarrista y el músico se combinan logrando una fusión impecable, se trata de un virtuosismo musical no meramente técnico. Podría decirse que es un músico libre. Transita sin ataduras por distintos estilos. Acerca de su arte, George Benson señala: “Es uno de mis guitarristas favoritos”; Chick Corea habla de él como “uno de los grandes músicos argentinos”; Scott Henderson afirma: “Es increíble, será sin duda un héroe de la guitarra”; o las palabras de Baden Powell: “Es un guitarrista loco y genial”.
Esta versatilidad ha logrado que músicos como B. B. King o Hermeto Pascoal lo hayan invitado a compartir sus escenarios. Es además compositor de la mayoría de los temas que toca en sus conciertos y discos. Compartió experiencias con auténticas figuras del tango y el folclore de su país: Adolfo Ábalos, Horacio Salgan, Jaime Torres, Mercedes Sosa o María Graña.
No estudió en ningún conservatorio. Improvisador nato con una original capacidad interpretativa, dice: “Todos tenemos una condición natural para algo. No es lo que te gusta si no lo que podés hacer. El resto es trabajar. No pretendo ser mejor que alguien. Quiero ser el mejor Salinas posible. Mi música tiene que sonar fluida y sincera. Si uno no se emociona, el público tampoco (…)”

sábado, 3 de diciembre de 2011

Entrevista a Javier Limón (2005)

Javier Limón
Escribí esta entrevista en la primavera de 2005 cuando el nombre de Javier comenzaba a estar en boca de muchos. Hoy, siete años después, con una ingente cantidad de excelentes nuevas producciones a sus espaldas, un programa propio en la televisión pública, Entre2Aguas, ocho premios Grammy y una plaza como profesor invitado en la prestigiosa Berklee College of Music de Boston, recuerdo aquél encuentro en su entrañable estudio de grabación del madrileño barrio de Lucero, donde por primera vez tuve la sensación de que algún día, las palabras que a continuación siguen servirían para testimoniar el inicio de uno de los pocos mitos de la producción musical en España. Por Manuel Álvarez Ugarte

Agazapado a la sombra de fenómenos como el de Bebo y Cigala, Paco de Lucía, EnriqueEstrella Morente, Luz Casal, Concha Buika, Carmen Linares, Ana Belén o Rosa Passos se esconde Javier Limón, buque insignia y bastión del flamenco más actual en materia de producción. Con motivo de la fundación de su propio sello discográfico Casa Limón y el lanzamiento de su primer producto, el disco Limón, conversamos con quien, según sus propias palabras, trabaja por situar al flamenco en el centro de atención de las músicas del mundo. 

Define la labor del productor musical
El productor musical es al disco lo que el director de cine a una película. En la música tenemos un guión, que es la composición, y unos actores, que son los músicos. El productor tiene que conseguir que ese guión sea interpretado por los actores de la mejor manera posible. En el medio hay un sinnúmero de decisiones que, desde la forma de grabar, cómo poner un micro, trabajar con los músicos en la estructura del tema, la elección de tal o cual músico, la velocidad de ejecución, qué toma es la buena y así un largo etcétera, corren por tu cuenta. Digamos que es necesario saber mucho de muchas cosas para tomar las mejores decisiones. En esencia producir es eso: tomar decisiones.

Qué cosas ve el productor que el artista no vea?
Eso depende del artista. Hay algunos que lo ven todo y otros que sólo ven una parte. Podríamos decir que depende mucho de la formación que tenga. Por ejemplo: hay artistas que no son músicos, son sólo cantantes y lo que tienen son intuiciones, te dicen: “esto me suena mal” o “está muy rápido” porque no tienen suficiente información incorporada como para identificar el problema. Ahí es donde interviene el productor, que no sólo ve que la guitarra puede estar desafinada o que el acorde no es el apropiado, también entiende que lo que puede estar ocurriendo es que esté tocándose todo muy rápido, o muy lento, o demasiado fuerte, en fin, dependiendo del artista a veces vemos mucho o no necesitamos ver nada. También es cierto que cuando un artista entra en la cabina de grabación ingresa en otro mundo, su propio mundo. Allí dentro lo prioritario es retratar tan bien como se pueda su música. Por tanto, no puede ni debe estar pendiente de ciertas cosas: si afuera suena bien, si el micro está bien puesto etcétera. Para eso estamos nosotros. De todas formas, cada grabación es un mundo, por ejemplo: con Enrique Morente estuve dos años estupendos grabando, lo pasamos en grande. Con Jerry González fue diferente, cuando le pregunté cuántos días de estudio quería que le reservara para hacer el disco me dijo: “coge dos días por las dudas” (risas). Así que como ves, el rango es enorme.


Imagino que en numerosas oportunidades algunas de tus ideas o sugerencias de productor habrán chocado con los conceptos que los propios músicos traen desarrollados y trabajados para una grabación. Cómo es ese pulso, gana siempre el productor o hay consenso?
Mira, la verdad es que cuando comencé en esto era muy rígido. Con el tiempo –debo llevar hechos unos cincuenta discos en los últimos cuatro años- me he ido dando cuenta de que lo más importante de todo es que el artista, al acabar el trabajo, se sienta muy orgulloso de lo que hizo. O sea, que si hay una decisión que tomar que no sea técnica, prefiero que la tome el artista. En definitiva, el nombre y la foto que aparecen luego en el disco son las suyas. En cuanto al choque que mencionas pudiera tener lugar entre músicos y productor, la verdad es que por suerte hasta ahora no me ha pasado. Trabajo con mucha confianza con los músicos y el proceso de creación suele darse de forma colectiva. En casos como el de Paco de Lucía, por ejemplo, no hay nada que hacer. Llega con unas cosas maravillosas que no requieren ningún tipo de observación, lo único que se te ocurre es arrodillarte y hacer la señal (hace el gesto de persignarse) (Risas). Por lo general, cuanto más gordo es el artista, más trabajador es y más fácil te pone las cosas.

Cómo llegas al oficio de la producción?
Antes de empezar a producir me dedicaba a componer, tocaba la guitarra, el piano y el oboe. Una vez escuché decir a Woody Allen que una película debe intentar estropear lo menos posible la idea original del guión. Yo ya me daba cuenta de que mis composiciones no siempre llegaban al punto que quería. A veces era peor, otras incluso mejor de lo que había imaginado; eso me hizo reflexionar y me movió a acercarme a los productores que cogían mis temas y observar su trabajo. Al cabo de un tiempo de verles empecé a sacar mis propias conclusiones y a crear lo que en mi opinión es un criterio propio, que tiene que ver con entender qué cosas hubiera quitado, cuáles modificado y así. La verdad es que como no existe una carrera de producción musical y no se estudia para esto... Es más: ¡nadie sabe cómo alguien se transforma en productor! (Risas) Yo busqué por mi cuenta la forma de aprender lo necesario para ponerme al frente de una producción y guiarla con un criterio personal.

Ocupan aún la música y la composición, en el sentido del ejercicio de las mismas, el mismo lugar en tu vida?
Siempre, todos los días estoy con músicas dándome vueltas a la cabeza, no creo que pasen más de tres días sin que saque una idea de melodía o de letra. Creo que aunque lo de la producción demanda mucho tiempo, a la vez abre muchas puertas y te ofrece posibilidades de aprendizaje ilimitadas. Producir no es, en absoluto, incompatible con trabajar en la composición.

Concha Buika y Javier Limón en directo en el
programa de Buenafuente (2010)
En los últimos años tus producciones, centradas principalmente en el flamenco, te han hecho compartir largas horas con enormes artistas como Paco de Lucía, Enrique y Estrella Morente, El Cigala, Niño Josele, El Potito, etc., además de otros procedentes del rock, el jazz y otras músicas: Andrés Calamaro, Luz Casal, Bebo Valdés, Jerry González o Rosa Passos. Con quién ha sido difícil trabajar y con quién fácil?
Hombre, difícil no sé, creo que con ninguno. Desde luego, el artista con el que más fácil se trabaja es Bebo (Valdés). Él es un gran caballero, una persona muy fácil, sin complicaciones para nada, además de un pedazo de artista, claro. Escucharle hablar es algo magnífico, como escuchar hablar a Salomón (risas), es historia de la música viva. Con Paco (de Lucía) ocurre algo parecido, es un hombre sereno, muy reflexivo y cada palabra suya entraña una enseñanza, un consejo. Trabajar con ellos es un verdadero placer.

Háblanos de Casa Limón y su primer producto, el disco Limón.
Casa Limón es una colección de discos que empieza de la manera más sencilla y humilde posible y que pretende ofrecer productos de una sofisticada calidad musical. Hay toda una corriente de músicas populares que vino desde Latinoamérica, un poco impulsada por compositores como Piazzolla en Argentina, Jobim en Brasil, Afrocuba en la isla, etc., que aboga por una tendencia al desarrollo del género popular, que es lo que por ejemplo hizo Paco aquí con el flamenco. La idea es acuñar un concepto sonoro donde la componente humana, lo orgánico, sumado al sonido acústico, constituyan el eje temático. Con respecto al disco Limón, es un CD de colaboraciones que curiosamente no nace como un disco de colaboraciones ni como un disco de presentación. Es simplemente un disco mío de música propia. Como si se tratara de una película donde para cada pequeña escena tuve la suerte de llamar al actor ideal. Y es algo alucinante, porque lo mejor de la aventura es que todos ellos aceptaron participar en el proyecto poniendo de sí lo mejor.

Dónde te gustaría ver al flamenco dentro de 100 años?
Me haría mucha ilusión contribuir, desde esta visión propia de la producción, a que el flamenco sea considerado un género con suficiente vocabulario como para expresar a través de él músicas de orígenes diversos. El día en que se considere al flamenco como al jazz, por ejemplo, habremos dado uno de los pasos más importantes.

Javier Limón y Paco de Lucía durante la producción de
Cositas Buenas (2004)
A qué productor consideras una referencia?
Bueno, Paco de Lucía es y será el mejor productor de flamenco. Y no hablo ya como guitarrista ni como compositor porque ni falta que hace, pero él introdujo el cajón, la flauta, el saxo, el bajo, la grabación por pistas, el composite de voz, en fin. Luego, los mejores productores que yo conozco no son reconocidos como productores: Fernando Trueba, Antonio Carlos Jobim, Frank Sinatra, Miles Davis, Bill Evans, Jaco Pastorius y así un largo etcétera, tienen o tuvieron un criterio artístico digno de grandes productores musicales.

Con qué artista de los que no has trabajado te gustaría hacer un disco?
(Hace una pausa y con total seguridad se lanza a la respuesta) Con Richard Bona, un bajista camerunés que actualmente trabaja en el grupo de Pat Metheny; ¿ves? Otro caso de un músico con criterios de productor tremendos. También con el guitarrista de jazz argentino Luis Salinas, con quien en breve comenzaremos a trabajar.

Si te ha interesado esta entrevista, te invitamos a ver el programa de Javier en Televisión Española.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Prueba/comparativa de guitarras Mario Aracama "Clásica" y "Diapasón elevado"

Modelo Diapasón elevado
Dos nuevos modelos de joven luthier madrileño afincado en Granada en la línea clásica. Por Manuel Álvarez Ugarte

Cautivado por la música y las maderas, Mario Fernández Aracama (Madrid, 1975), comenzó a construir guitarras a finales de los años 90´ en Inglaterra, país en el que se graduó en la carrera de Tecnología de Instrumentos Musicales por la Guildhall University.
En 2003, tras estudiar a los maestros guitarreros se trasladó a la ciudad de Granada, donde fue asesorado, entre otros, por los eminentes Antonio Marín y Michael Ritchie. Allí continúa, residiendo, investigando y profundizando en la línea más tradicional y romántica de la guitarra española.
Desde este inigualable epicentro guitarrístico, faro de la luthería y prodigioso enclave natural, Mario recoge esta tradición y, a su manera, la redimensiona: la vuelve personal y única.

No recuerdo ya cuántos años han pasado desde que tuve el gusto de conocer a Mario en su ciudad adoptiva. Posiblemente una década, o casi. Recuerdo que fue a principios de un mes de diciembre y que en Granada apenas había indicios del invierno que, subrepticiamente, comenzaba a helar la península de norte a sur. Recuerdo también que la primera impresión que tuve de Mario se alejaba bastante de la imagen a la que me tenían acostumbrado los luthiers más mayores, con ese halo de formalidad y maestría. No es difícil, después de todo, sentirse cercano a una persona de tu misma edad y con intereses comunes.
Así, a grandes rasgos, comenzó esto que ahora es un nuevo artículo sobre sus guitarras (cada vez mejores), una amistad y, por supuesto, muchos más encuentros en el medio: cañas, vinos y lo más importante: largas charlas sobre esto y aquello. La vida, en definitiva.

La exquisita roseta artesanal, en sintonía con los
tonos del cedro canadiense en el
modelo Clásica
Hoy son dos guitarras de reciente factura las que nuestro protagonista ha puesto en mis manos y, para ser franco, me cuesta darme cuenta de cuál es la que más me gusta. Comienzo con la Clásica, de tapa de cedro (aunque me aclara Mario que también las hace en abeto) y de inmediato me invade la sensación de estar, como un pintor, frente a una paleta llena de colores. La pulso sin apenas esfuerzo, con la pereza de la mañana, y descubro enseguida una respuesta amable, cálida, que me anima a ir poco a poco apretando por aquí y allá, explorando el registro, los matices. Se aprecia un tacto cómodo y el mástil se revela en toda su extensión como un campo abierto en el que correr, saltar o sencillamente echarse un rato en un acorde acampanado, constituye una experiencia única, de esas que no quieres que se acaben enseguida.
La afinación, desde luego, es asombrosamente buena y la comprobación del octavado saca un 10 rotundo en todos los registros.

Detalle del fondo a la altura del
zoque. Marquetería de excelente
factura en cada rincón del mueble
El otro modelo, con el diapasón elevado, me ayuda a reencontrarme con las sensaciones de una guitarra con el mismo sistema que una vez tuve, pero que, al revés de como suele decirse: "mejora lo pasado".
El diapasón o mástil elevado no es otra cosa que, en realidad, la consecuencia de una caja de resonancia con diferentes profundidades: entre la culata en el lóbulo superior y las proximidades al zoque y tacón presenta una diferencia de exactamente 10 mm. Realmente es esto lo que permite que el mástil quede al descubierto a la altura del traste doce para facilitar así el acceso a la región más aguda, por lo general incómoda para la mayoría de intérpretes. Además, al haber más madera bajo el diapasón, las notas entre los trastes 12 y 20, mejor respaldadas por esta sólida estructura, adquieren mayor presencia y sustain. Adicionalmente, el pino abeto en este modelo le da un brillo algo diferente en comparación con el anterior; aunque se puede decir que las dos son hijas del mismo padre: las rosetas y las cenefas, en tonos marrones, son artesanales y de finísima factura; la original cabeza con diseño asimértico; los clavijeros: Gotoh; el varetaje interior: siete varetas simétricas con bajopuente y el tiro, de 650 mm.

El original diseño de la pala, asimétrico,
constituye una de las señas de identidad
más destacadas en las guitarras Aracama
También en los materiales escogidos se percibe la búsqueda: los dos modelos tienen aros y fondo de palosanto de India de primerísima calidad (el modelo Flamenca publicado ya en este Sitio era de cocobolo), las excelentes tapas y el sistema de sujeción de cuerdas nos recuerda al impulsado por el gran José Romanillos, con dobles orificios en el puente.
El barnizado, de goma laca a muñequilla en las dos, todo un acierto, para que los colores de la paleta brillen donde tengan que brillar y sean opacos si la tristeza del momento así lo requiriera.

El precio, muy competente, incluye un estuche rígido Hiscox, porque a los tesoros es mejor tenerlos a buen resguardo. Nuestra opinión: muy bueno.





Características
Mario Aracama “Clásica” y "Diapasón elevado"

Precio: € 3.000 y € 3.300 (respectivamente)
Origen: Granada, España
Tapa: cedro rojo de Canadá / pino abeto 
Aros y fondo: palosanto de India
Mástil: cedro de Honduras
Diapasón: ébano
Trastes: alpaca
Clavijero: Gotoh
Acabado: goma laca a muñequilla
Estuche: sí, Hiscox
Contacto: 687 614 057 / www.guitarrasaracama.com

lunes, 24 de octubre de 2011

Prueba de guitarra Mario Aracama "Flamenca cocobolo"

Versión con tapa de pino-abeto de la
"Flamenca cocobolo"
Del constructor madrileño afincado en Granada, una de sus piezas más bellas. Por Manuel Álvarez Ugarte

Recibimos recientemente, y por primera vez, la visita de Mario Fernández Aracama. Este joven luthier madrileño afincado en Granada nos presentó una muestra de su reciente trabajo que, como no podía ser de otra forma, recoge los códigos de la guitarrería granadina y se enmarca en la estética de esta inconfundible escuela.
El modelo que hoy valoramos en esta sección pertenece al mundo de las conocidas como flamencas de concierto, una variante de la tradicional guitarra flamenca blanca que acaso por contar con una caja de resonancia construida con maderas densas aporta un color más profundo, si se quiere, en comparación con el de las guitarras para cantar y bailar. De hecho, las diferencias en esta flamenca de concierto alcanzan a partes del instrumento que tradicionalmente se fabrican con otras especies. Un ejemplo: los aros y el fondo, habitualmente confeccionados en palosanto de India o Brasil son, en esta guitarra, de cocobolo (Dalbergia Retusa), una especie prima-hermana de los palosantos brasileños, de gran densidad y anaranjados tonos. También, en la tapa, frecuentemente de pino abeto, encontramos cedro rojo de Canadá, que es más característico en guitarras para clásico. En conjunto, el resultado que ofrece esta original combinación es un sonido “flamenquísimo”, rico en graves, con cantarines agudos y que hace gala de un corpus sonoro digno de todo tipo de elogios. La respuesta es rápida como en una guitarra para el cante o baile, pero la proyección de su voz y el cálido timbre le dan una dimensión-otra al soniquete flamenco. Además, el recorrido por los veinte trastes del diapasón nos devuelve una agradable sensación, muy especialmente al pisar la región aguda, donde queda de manifiesta evidencia que la afinación es estupenda, amén de no presentar notas lobo y contar con una acción (altura de cuerdas) muy apropiada para la práctica de las técnicas flamencas más habituales (rasgueados, picados, alzapúas).

Detalle del cocobolo en el fondo
Así las cosas, el trabajo de Mario Aracama rezuma Granada por los cuatro costados. Basta haber tenido en las manos una guitarra de esa tierra para entender a qué nos referimos.
En materia estética, a las maderas de primera calidad empleadas debemos añadir como valor agregado un minucioso cuidado de los detalles en las uniones, cenefas, la roseta artesanal y el puente, así como en el tallado del bello clavijero. Para terminar, gran acierto para el timbre y la estética, el barnizado practicado es de goma laca a muñequilla sin tintes artificiales que modifiquen el noble tono de sus colores. 
Nuestra opinión: Muy bueno

Conclusión
Una ventana que se abre para traernos la brisa fresca que desde Granada nos recuerda que el círculo guitarrero se renueva y que en manos de artesanos como nuestro protagonista está a buen resguardo. 

Características
Mario Aracama “Flamenca cocobolo”

Precio: € 2.500
Origen: Granada, España
Tapa: pino abeto / cedro rojo de Canadá
Aros y fondo: cocobolo / palosanto
Mástil: cedro de Honduras
Diapasón: ébano
Trastes: alpaca
Acabado: goma laca a muñequilla
Estuche:
Contacto: 687 614 057 / www.guitarrasaracama.com

lunes, 26 de septiembre de 2011

Entrevista a Javier Ruibal (2011)

Sueño es el nombre del último trabajo del músico portuense que, al igual que sus anteriores Lo que me dice tu boca (2007) y el ya mítico Pensión Triana (1993) da cuenta de que el medio natural de este músico inigualable sigue siendo el directo. Por Manuel Álvarez Ugarte

Casi una década había pasado desde la última vez que entrevisté a Javier Ruibal cuando el pasado mes de mayo volvimos a encontrarnos en un café de Madrid. Aunque en honor a la verdad, nuestros caminos, que afortunadamente vienen cruzándose desde hace tiempo, a veces en Madrid, otras en Cádiz, me han mantenido cerca de su quehacer creador, de su permanente búsqueda, su mirada crítica, su espíritu de artesano orfebre de la canción.
Se lo recuerdo, a propósito de esta entrevista, porque en aquél lejano 2002, entre otras cosas, me dijo, literalmente: “-hace dieciocho años que vivo de la música sin problemas, tengo mi público, mi gente, es decir, estoy justificado como artista (…)” A lo que yo le pregunté:

Cómo actualizaríamos esa frase a día de hoy?
Bueno, es verdad, cuando te dije aquello habían pasado así, de repente, dieciocho años de este oficio, que es como a mi más me gusta llamar a esto que hago, que en realidad son palabras que tomo prestadas al Maestro Serrat. Llamarle oficio, creo, ennoblece la tarea a veces minúscula del creador de canciones, pequeñas historias en definitiva que buscan su espacio, su lugar en el tiempo. Si lo llamáramos arte estaríamos presuponiendo (nosotros) que lo que hacemos es de una talla y envergadura importante cuando en realidad son la gente y el tiempo quienes lo dicen.
Pero volviendo a tu pregunta, diría que básicamente sigo siendo el mismo aunque he hecho algunas mejoras y he aprendido a descartar ciertas opciones “un poco veleidosas”, llamémosle “tentaciones oportunistas” algunas veces por argumentos artísticos, otras, por razones de edad. Uno sencillamente no se ve ya haciendo determinadas cosas… Diría que en comparación con entonces, hoy comienzo a entender mejor de qué va esto y a tener control sobre la imagen sonora de mi mismo.

Uno conforma la imagen sonora que mejor lo representa…
Yo no sé si quienes me ven de fuera piensan si el traje que llevo me queda bien o grande. El criterio indumentario puede ser variado. Lo que sí importa es sentirse cómodo en esa ropa que llevas y eso es lo que yo siento. Trato de velar por ese equilibrio que se debate entre lo que uno cree que debe hacer y lo que está haciendo. Personalmente, creo que se parecen bastante, aunque uno siempre ambiciona más.

Tus últimas experiencias discográficas desde Lo que me dice tu boca han sido grabaciones en directo. Por qué?
Porque creo que el disco debería ser siempre el recuerdo de lo que se oye en el escenario. No creo que haya mejores discos que los que retratan fielmente esa convivencia de espíritus, que es como yo vivo la experiencia del directo. Más allá de las músicas y los públicos hay siempre una energía que fluye de arriba abajo y viceversa. Y naturalmente, en las grabaciones así, esa complicidad, tantas veces dada por el aplauso, esa energía, se nota.

Portada de "Sueño" (2011)
Cuéntanos cómo se gesta Sueño y de dónde viene la idea de trabajar con una orquesta.
La idea viene del convencimiento de que la música a interpretar –recordemos que Sueño se compone de temas míos ya conocidos, sólo hay dos temas nuevos- tiene una plasticidad que permite esa reinterpretación instrumental. Esto que he hecho no es nada nuevo, no nos engañemos, lo han hecho cientos de artistas ya. No hemos inventado la pólvora, sinceramente, pero para mi, grabar con orquesta constituye un sueño largamente acariciado.
La cuestión, una vez tomada la decisión, fue plantearse: y ahora cómo lo hacemos?, Quién arregla esto? Y lo más importante: cuántas montañas tendré que saltar para poder hacerlo? Porque, en fin, yo no soy un artista de primera línea que pueda decir: -vale, llamo a una orquesta, ganaré menos dinero y ya. No, no es el caso. Así que, esas cosas sólo se podían solucionar con compañeros y compañeras que fueran cómplices en este viaje.

Quiénes fueron los cómplices?
La orquesta me la proporcionó el Instituto de las Artes y las Letras de Andalucía, muy gentilmente por cierto, como reconocimiento a mi aportación a la cultura musical de mi tierra. Javier López de Guereña escribió todos los arreglos y, lo más importante: le dio al conjunto de los temas una estructura de trama, como si fuera una ópera, compuso una obertura instrumental sobre melodías de otros temas míos que no se tocarían después, y todo esto sin que desaparecieran los colores de la paleta con la que suelo pintar…

Una tarea harto difícil…
Sí, bastante, porque en el centro de esta nueva aventura está la idea de no desbaratarle a ese público cómplice aquello que viene buscando cuando asiste a un concierto mío: colores flamencos, colores Caribe, árabes, orientales…
La estructura del concierto la decidió Javier López de Guereña y a mi me pareció bien. Sólo pedí corregir dos momentos de excesivo vértigo en los que pasaban tantas cosas con la orquesta que yo me perdía y me costaba tanto que casi preferí simplificarlas, porque, entre nosotros, aquí conté más compases que en toda mi vida.

Luego está la logística de los ensayos y la grabación en directo…
Bueno, realmente tres ensayos y la grabación, no hubo más. Movilizar a tanta gente es muy complicado. Por eso también, para mí, la sensación de riesgo, al no estar familiarizado con aquello de cantar en un contexto de estas características, aumentaba tanto. El audio se grabó en un concierto en el Teatro Manuel de Falla en Cádiz y el vídeo, con su correspondiente audio del DVD, en el Gran Teatro de Córdoba. No se grabaron los dos en audio y vídeo por razones presupuestarias, aunque el espíritu fue el mismo. Con todo, fue una experiencia de riesgo, porque aunque lo preveas todo, siempre hay cosas que no esperas que puedan ocurrir. Por ejemplo: nadie te garantiza que en mitad de la grabación en directo no se pueda caer un atril y hacer ruido, o como en el Teatro Falla, que tiene una caja escénica muy alta, muy abierta, y está al lado de una iglesia. Si por lo que fuere al párroco le diera por llamar a sus feligreses con campanas, ¡pues imagínate!
En cuanto a los ensayos, primero hubo uno del director, Oliver Díaz (otro gran cómplice de esta aventura), sólo con la orquesta. En el segundo ya me incorporé yo para ir aclimatándome aunque sin cantar, luego en los otros dos ya participé activamente, luego de eso: el salto al vacío (risas).

Próximas presentaciones de Sueño?
De aquí a una semana en El Puerto de Santa María. Por ahora estamos en gestiones para hacer Granada y Sevilla en septiembre, aunque sin confirmación aún. Personalmente, me gustaría poder hacer más este concierto en espacios apropiados porque –y esto no lo digo por mi- creo que la coherencia que tiene la obra en si misma -y eso es trabajo principalmente de Javier López de Guereña y Oliver Díaz- así lo amerita.   

Hablemos del flamenco, tan presente en toda tu obra, cómo lo escuchas hoy, después de tanto camino andado?, Qué flamenco te interesa ahora?   
Sigue presente, como siempre, y ahora que ha sido declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, pareciera que me ha dado por volver un poco a los orígenes. Y se lo debo a una circunstancia de la vida que no esperaba, verás: resulta que mi hija Lucía es bailaora de flamenco y vive en este momento de su vida una acalorada pasión con la raíz más honda, más antigua de este arte. Ella es la que me trajo de nuevo a casa los sonidos de grandes figuras a las que, sin embargo, el tiempo no ha acabado de poner en un lugar significativo de la historia. Chaqueta, por decirte un nombre, es un buen ejemplo de ello.
Te diría que aunque no me considero un músico flamenco -sí un buen aficionado-, el flamenco es algo que habita en mi música, como un color, como una seña de identidad a la que como andaluz no quiero renunciar. En ella me reconozco y por eso me gusta que me acompañe.
A mi entender, lo verdaderamente interesante, lo que a mí me llama la atención ahora tiene que ver más con los artistas que con la música en si misma: si se reitera, si corre riesgos, si perfecciona lo que hace, si toma nuevos rumbos…

Qué nos depara el futuro en materia de proyectos, Javier?
El futuro tendrá que ver con las canciones que vengan, como hasta ahora. Ellas lo contarán, aunque claro, entonces ya será parte del pasado… El futuro siempre es una incógnita, aunque creo que lo que hoy por hoy estamos viviendo en toda España, a raíz de los movimientos asociados al 15-M, traerá muchas y muy buenas historias que contar y por las que seguir cantando. Al menos así lo deseo yo. 

Si te ha interesado esta entrevista te proponemos un fragmento de "Sueño" en el Gran Teatro de Córdoba.
     

viernes, 5 de agosto de 2011

Entrevista a Oscar Herrero (2005)

Con motivo del lanzamiento de su cuarta producción discográfica, Abantos, me desplacé hasta San Lorenzo de El Escorial (Madrid) para conversar con Oscar Herrero. Allí, al resguardo del monte que da nombre a la nueva placa, el brillante guitarrista manchego compartió con nosotros recuerdos, anécdotas y su permanente preocupación por la pedagogía en el campo flamenco. Veinte años después de su debut profesional, este trabajador incansable vuelve a ser noticia. Por Manuel Álvarez Ugarte
  
Cada vez que debo entrevistar a alguien a quien no conozco personalmente me inquieta, en la etapa de documentación y preparación de las preguntas, pensar que el entrevistado pudiera considerar poco interesante el tema de conversación. Aunque es posible que la mayoría de ellos sean buenos disimuladores –hasta ahora nunca nadie me ha hecho sentir incómodo-, lo cierto es que, en general, a casi todos les gusta hablar, sin tapujos y sin miedo a aburrir, sobre lo que hacen. Pero también es verdad que no siempre nuestros interlocutores son portadores de una calidez humana como la de Oscar Herrero. Hablar con él es un verdadero placer, cualquiera diría que el personaje famoso está de gira y el que conversa con nosotros es su versión cotidiana, el otro yo, del artista que muchos admiran y respetan.

Cuéntanos cómo fue tu etapa de formación.
Nací en Tomelloso, provincia de Ciudad Real, que al igual que Valdepeñas es una zona con mucha afición al flamenco. Desde que tengo memoria en casa de mi familia se escucha la guitarra. Mi padre, pese a que se dedicaba profesionalmente a otra cosa, era un muy buen aficionado a la guitarra flamenca. Con nueve años me integró a una rondalla que él dirigía. Así empecé a tocar, pero no la guitarra si no el laúd. Ésos fueron mis verdaderos primeros pasos con las cuerdas, tocando con plectro música del repertorio folclórico español. Simultáneamente tocaba, pero con guitarra, en un grupo folclórico manchego. Poco a poco me va entrando el gusanillo con la guitarra, de la que descubro tiene más posibilidades que el laúd y en particular con el flamenco, que aprendo poco a poco bajo la tutela de mi padre. Cuando él advierte en mí aptitudes, decide ponerme en manos de un verdadero profesor: Juan González “Triguito”, un guitarrista profesional sevillano que trabajaba en un tablao que existía entonces en Madrid, el Zambra, donde cantaban, entre otros, Enrique Morente. Comienzan así, a mis catorce años, los primeros viajes a Madrid, que en un principio eran algunos fines de semana -ya que estaba estudiando- hasta que un verano me quedo tres meses dando clases de forma continuada. Creo que es entonces cuando se producen, con la guitarra, mis avances más significativos. La escuela que aprendo de éste hombre es la de Ramón Montoya, Niño Ricardo y Sabicas. Después de esto tengo la suerte de conocer a un guitarrista Japonés, Iwao Sakai, conocido como “Enrique”, que trabajaba en el tablado Las cuevas de Nemesio. Con él completé mi formación trabajando en lo que se conocía como la escuela moderna del toque flamenco, al menos en esa época: Paco de Lucía, Mario Escudero, Esteban de Sanlúcar, Serranito, Manolo Sanlúcar, etc. Casi te diría que en ese punto mi formación estaba completada. No obstante, después de aquello, ya con diecinueve, vengo a vivir a Madrid. Aquí conozco a Enrique de Melchor y a Serranito. Se da la casualidad de que los dos me invitan a trabajar en sus respectivos grupos.

Vaya una escuela de perfeccionamiento…   
Pues sí, fue impresionante. Con ellos estuve durante años trabajando en concierto, fue algo francamente inolvidable y muy valioso para mi formación. Un verdadero privilegio. Recuerdo una vez en que se dio la casualidad de compartir concierto. Me subí al escenario primero con uno y luego con el otro (risas).

Oscar Herrero sobre el escenario
de uno de los tantos tablaos
madrileños en los que trabajó.
Qué siguió después?
Bueno, en esa época yo tocaba principalmente en peñas flamencas como acompañante, más al cante que al baile. En aquel momento me contrataron de Las cuevas de Nemesio para acompañar al cantaor Paco Toronjo durante una temporada. Al terminar cada noche, cuando cerraban sus puertas, llegaban artistas de otros tablaos de Madrid y se montaban allí unas juergas alucinantes, de un vuelo y una creatividad sin igual. Es curioso, también recuerdo aquellos momentos como parte importante de mi formación.

Tu labor como investigador en el campo pedagógico te sitúa a la cabeza de los que se han aproximado al mundo de la guitarra flamenca razonada. Cómo y cuándo comienza ese trabajo?
Para serte sincero, este proceso comienza a dar vueltas en mi cabeza siendo yo un principiante. Cuando era pequeño mi padre tenía en casa algunos alumnos a los que atendía en sus horas libres. A veces, cuando venía a comer al mediodía me decía: “-Yo ahora tengo que volver al trabajo, pero tú apréndete este acorde y esta falseta, que a las seis viene fulano y mientras yo llego se lo vas enseñando”. Así, sin darme cuenta, desde muy temprano, mientras aprendía, tuve contacto con la experiencia de enseñar. Sin duda eso me marcó y me ayudó mucho a la hora de razonar todo lo relacionado con los mecanismos y la escritura. Luego, andando el tiempo y ya ejerciendo como profesional en mi faceta docente, me encontré con que no podía responder a ciertas preguntas que me hacían algunos alumnos. Por ejemplo: muchas veces me veían tocar cosas que ni yo mismo sabía como las hacía, lo que me obligaba a observarlas y encontrar una explicación lógica. Naturalmente, aunque siempre encontraba la respuesta, recién podía dárselas a la clase siguiente. Tiempo después, en una gira de conciertos que me hace recalar en Cannes (Francia) conozco al guitarrista galo Claude Worms. Él es todo un pionero en el tema pedagógico y didáctico. Conversando sobre lo que cada uno tenía en mente llegamos a la idea de escribir en colaboración un tratado para la guitarra flamenca. Luego hablamos con una editorial de París, que aceptó la idea y fue publicando uno a uno los cuatro volúmenes de que se compone. Actualmente estamos trabajando en el quinto, que centra su atención en las bulerías. Después, un alumno mío, Pepe Vargas, quien trabajaba en la editorial RGB, propone a sus jefes la idea de producir una serie videográfica dedicada a la guitarra flamenca haciendo hincapié en que su maestro (o sea, yo) era posiblemente la persona más indicada. Así, una vez llegamos a un acuerdo con la editorial, comienzo a trabajar en clasificar y ordenar el método. Con Pepe (Vargas) escribimos el guión y me puse manos a la obra. Hasta la fecha, la serie se compone de nueve DVD con sus respectivos libros.

Todo un trabajo…
La verdad, sí. Ahora que ya tomé cierta distancia puedo verlo, ha sido un trabajo enorme. Este esfuerzo y la experiencia me motivaron a crear mi propia editorial, Acordes Concert, a través de la cual, pasado un tiempo, comencé a publicar mis otros libros: 21 Estudios para guitarra flamenca, nivel elemental; 24 Estudios para guitarra flamenca, nivel medio; Alberto Vélez, memoria de la guitarra flamenca, entre otros, escritos también por amigos como Manolo Yglesias o Lola Fernández.   

Tu faceta como compositor y ejecutante solista llega antes o después de haber curtido tablados?
Siempre me dio vueltas a la cabeza la idea de ser concertista de guitarra y desde muy jovencito empiezo a componer mis propios temas. En una gira con un ballet flamenco que me tuvo seis meses fuera, me lesiono seriamente y tengo que dejar de tocar a causa de una tendinitis. Ya de regreso en Madrid, durante dos años me la paso de médico en médico, masajistas, etc. Este problema retrasa un plan que tenía justamente para el final de aquella gira: grabar mi primer disco en solitario. Como tengo claro que no quiero grabar en malas condiciones no me queda más remedio que esperar más de dos años, por cierto larguísimos, a recuperarme del todo. Dos operaciones primero y todo un tratamiento de rehabilitación después, en 1995 sale mi primer disco, Torrente, al que siguen un homenaje a Falla, Brindis de guitarras, junto al guitarrista canario Carlos Oramas; Hechizo y ahora, el doble CD: Abantos.   

En tu constante viajar por el mundo has tenido la posibilidad de llevar el flamenco a lugares tan diversos como Islandia, Rusia, Argentina, Polonia, Jordania, Egipto, Brasil, Australia, Uruguay, Chile, Canadá y así un largo etcétera. Qué percepción del flamenco como lenguaje comunicativo crees que hay en el extranjero, en qué país de los que has visitado se vive con más intensidad?
El lenguaje de la música es, sin duda, el más universal de todos. En ese sentido, tú puedes entender o no lo que es una soleá y eso no te impedirá, si te gusta, disfrutarla. De hecho, a mi me ocurre cuando escucho músicas de las que conozco “formalmente” poco, como la bossa nova, el jazz, etc. El flamenco es muy atractivo y especialmente fuera de España. Aquí nos cuesta verlo porque estamos más acostumbrados, pero desde luego, fuera de nuestras fronteras cobra una dimensión mágica. En los veinte años que llevo viajando por el mundo he visto de todo. Es verdad que ahora se ve mucho más flamenco por todas partes, pero hace dos décadas, cuando íbamos a tocar a Rumania o a Polonia, países en donde hay una gran cultura musical, notabas ya una atención privilegiada pero a la vez distinta de la que percibes en el público de los países árabes, donde por una cuestión de raíces es para ellos más familiar.   

Portada de Abantos (2005)
Hablemos de tu último trabajo: Abantos. Qué cosas nuevas aporta este doble CD a tu ya larga trayectoria discográfica?
La verdad es que me cuesta responder a tu pregunta. Yo intento, en la humilde medida de mis posibilidades, hacer cada vez mejor música. Los años van pasando, tus vivencias aumentan y, en mi caso, intento plasmarlas en las obras. Cuando escribo música pienso primero en mi, en satisfacer ese deseo lúdico de disfrutar con mi trabajo. Reconozco que me importa menos agradar, aunque si lo consigo la satisfacción es doble, claro. Si aporta o no algo nuevo, supongo que el tiempo lo dirá. Lo que si sé es que Abantos es un trabajo hecho con mucho cariño y desde el más intenso de los sentimientos que se puedan tener para con la música. En él tuve el privilegio, además de compartir la grabación con excelentes músicos y amigos, de tener entre mis invitados al gran Enrique Morente, lo que sin duda respalda de alguna forma mis intenciones con el flamenco.
El flamenco que hacemos hoy, cada vez con más frecuencia se toca en formaciones grupales y con diversas tipologías de instrumentos. En Abantos, junto a mi guitarra suenan la armónica de Antonio Serrano, la batería de Jorge Palomo, la voz del cantaor Basilio Villalta, el saxo de Pedro Esparza o los arreglos de cuerda de Fran Villarubia. Como soy consciente de que a muchos aficionados al flamenco no le agradan estas mezclas, decidí incluir un segundo CD con el mismo contenido pero tocado solo con guitarra, para que cada uno elija la versión que más le guste.

A qué guitarristas, flamencos o no, consideras una referencia?
Sin duda y casi te diría que por sobre todos a Paco de Lucía, quien desde chico me impactó mucho, lo mismo que Enrique de Melchor y Serranito. También, fuera del flamenco, me gustan mucho Pat Metheny; Rafael Rabello, un guitarrista brasileño maravilloso que murió muy joven, con 33 años, y del mundo más clásico, el inglés Julian Bream y el argentino Jorge Cardoso, entre otros.

Con qué guitarras tocas y con cuáles has tocado?
Mi primera guitarra fue una que compró mi padre en una tienda del pueblo. Cuando empecé a estudiar seriamente él mismo me regaló una Conde Hermanos, que aún conservo y con la que toqué durante años, grabé mi primer disco y algunos de los DVD didácticos. En el medio toqué un poco con una Arturo Sanzano y actualmente tengo una flamenca de los Hermanos Conde de la línea más alta, concretamente, el modelo Felipe V.

Cuéntanos cuáles son los proyectos inmediatos.
A priori, presentar el disco nuevo, que no es poca cosa. Después me abocaré a la edición de un trabajo de guitarra sola que ya tengo grabado y que está dedicado a la obra de Ramón Montoya. Mientras tanto, en mi cabeza siguen dando vueltas un montón de ideas sobre el tema didáctico que poco a poco, espero, vayan viendo la luz.

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