lunes, 14 de marzo de 2011

Tango, luces y sombras del Río de la Plata

Universal y cosmopolita, el tango rioplatense ocupa, al igual que el jazz, el blues, el flamenco o la bossa nova, un espacio de privilegio en el imaginario de las músicas populares del mundo. El violero te ofrece con este reportaje mucho más que una ventana a su historia, te invita a un paseo por sus características formales y al universo técnico-expresivo que lo vincula a las seis cuerdas. Bienvenidos. Por Manuel Álvarez Ugarte

Músicos de tango circa 1927
El Tango, esa gran familia
Aunque sus señas de identidad puedan resultar evidentes incluso para el oído menos especializado, el tango rioplatense es mucho más de lo que aparenta; en rigor, el tango, como género ha abarcado desde sus inicios a otras formas musicales cercanas. La habanera, el vals, la milonga o el fox-trot quizás sean las más representativas en su evolución estilística.
Según documentos de especialistas, las acepciones de la palabra tango son muchas y muy va­ria­das, sin embargo, de todas ellas se derivan tres sugerentes constantes: lu­gar cerrado pero no hermético, lu­gar de baile o bai­le en sí y presencia o influencia directa del negro o de su mú­sica. Por tal motivo es posible que entre las acep­cio­nes dadas por el hombre blan­­co y los fenómenos sociales de­­sig­na­dos con la palabra tan­go en distintas épocas, pue­dan haber dis­cor­dan­cias e incluso contradicciones. Como consecuencia de ello, des­de sus re­mo­­tos orígenes, el tango debió su­perar limi­ta­ciones é­ticas y formales. Para comprender su fisonomía y carácter, miraremos por un momento al pasado.

Avenida de Mayo (Buenos Aires) circa 1910
El tango argentino surge sobre la base de las músicas existentes en Buenos Aires hacia 1870 (música de ori­gen africano, fol­cló­rica, cam­pesina, can­to por ci­fra, payada y música eu­­ro­pea), el gusto popular se in­clinaba entonces, y de manera progresiva, por ritmos, sonidos y composiciones que re­sul­taban gratos y afines con el sentir popular: la gua­jira fla­men­ca y la cubana, la habanera, el fan­dango, fan­dan­­guillo, el tango andaluz y el tango flamenco. El re­sultado, en la etapa de formación de un nue­vo ritmo fue la aparición del tango congo, tan­go negro o tango argentino. Se produjo, como tantas otras veces, el fenómeno de trans­­cul­tu­ración que resulta de la fu­sión de un rit­mo lento y acompasado con otro más vivo, que es en este caso el de la mi­lon­ga. En sus orígenes, esta expresión cobra su forma embrionaria en los arrabales porteños, entre la creciente población inmigrante.

Desde su nacimiento, muchas veces se ha predicho su desaparición “el tango es una nostalgia que debe morir”. La burguesía de Buenos Aires le ha tratado con una mezcla de atracción y repugnancia hasta el punto de llamar la atención de sociólogos y psicoanalistas. Sin embargo, se apoderó de él una vez que éste había triunfado en los salones parisinos antes de la primera guerra mundial.

En su orígenes, el tango se bailaba exclusivamente entre hombres
Los primitivos músicos lo interpretaron de manera intuitiva, los conjuntos se formaban con flauta, guitarra, violín y un exótico instrumento de origen alemán: el bandoneón. En 1897, Rosendo Mendizábal dio a conocer “El Entrerriano”, en 1903, Ángel Villoldo compone “El Choclo”. Comienzan a aparecer los grandes nombres de la llamada Guardia Vieja, que tienen su continuidad en Juan Maglio Pacho y Vicente Greco, creador en 1911 de la Orquesta Típica. La figura del cantor es incorporada por Carlos Gardel en 1917, cuando entona los versos de “Mi noche triste”, marcando el inicio de la letra argumentada, del “tango-canción”.

Antología de cancionistas y cantoras
Entre 1915 y 1930, las innovaciones musicales aportadas por Eduardo Arolas, Agustín Bardi, Francisco Canaro y Roberto Firpo, determinaron dos corrientes bien diferenciadas: el estilo tradicional y el evolucionista, que encontró a sus exponentes en Julio y Francisco de Caro, sumando a ellos las cancionistas, representadas por Azucena Maizani, Libertad Lamarque y Mercedes Simone, quienes ganaban el aplauso de los públicos de América.
Sin duda la época de oro fue la década de los cuarenta. La gran cantidad de instrumentistas, poetas e intérpretes, sumado al aporte de la radio, el cabaret y los salones de baile, determinó la aparición de los binomios cantor-orquesta.
Un lenguaje distinto, con creación propia, incorporaron músicos que pertenecían por generación a los años cuarenta, pero estaban llamados a inaugurar una nueva etapa. Este proceso denominado “tango moderno” estuvo marcado por la aparición de figuras como Horacio Salgán, Mariano Mores, Eduardo Rovira y el corte definitivo que señaló Astor Piazzolla, otorgando a una nueva generación las bases para una permanente búsqueda.

A pesar de sus éxitos internacionales, el tango se ha convertido en aquello a lo que estaba predestinado: una síntesis dramática de la tradición popular urbana con la cual se identifican el porteño (es decir, el habitante de Buenos Aires) y una larga población de la región cultural del Río de la Plata que incluye a la República Oriental del Uruguay, el otro gran semillero de músicos de tango.
Es una música que pese a tener más de un siglo de existencia se mantiene vigente por varias razones. Al igual que el jazz, es una expresión musical compleja y flexible. El encuentro de la danza, de la canción y de la música instrumental que ha jalonado su historia escapa a las clasificaciones fáciles de música culta y música popular, de folclore y música comercial, de música seria y música de diversión. Es heredero de las tradiciones musicales europeas y afro-americanas y posee una flexibilidad estilística que, sin negar su carácter específico se presta a múltiples tratamientos de composición, instrumentación e interpretación.

Roberto Grela
La guitarra en el tango
El vínculo entre la guitarra y el tango viene de los comienzos del género. Ya en las primeras manifestaciones grupales la guitarra ocupa un rol preponderante. El criterio, en cuanto a recursos en el acompañamiento, ha variado notablemente del antiguo al contemporáneo, sin embargo, los rasgos fundamentales de la técnica guitarrística siguen siendo prácticamente los mismos. Abrimos nuestra primera ventana a este universo observando lo que podríamos definir como el ABC del tango: las acentuaciones.

El tango es una danza binaria, esto quiere decir que se enmarca en un compás simple de 2X4 o 4X4. Comprender las variantes en términos de subdivisión que el compás simple ofrece, nos ayudará a realizar lo que plantearemos como necesidad a priori: tocar el ritmo en el mayor número de formas posibles. Para empezar, nos apoyaremos en técnicas más o menos elementales para la mano derecha, por lo que definiremos a este primer concepto como “toque plaqué”, consistente en dividir la función del pulgar de las del índice, medio y anular, que trabajarán en bloque, de modo tal que podamos emplearlos en células de acompañamiento.

En el gráfico nº 1 os ofrezco tres alternativas de ritmo, de fácil a más difícil, sobre un acorde de Am9. En las tres podréis observar que el pulgar, aunque en ocasiones aparece unido al resto del acorde, es el principal responsable en la marcha del ritmo. Una práctica interesante y que os ayudará a relacionar las tres células del ejemplo 1 consiste en, una vez comprendidas individualmente, tocarlas una tras otra siguiendo el pulso con una marca de metrónomo. Así veréis cómo estas opciones rítmicas pueden utilizarse con alternancia en un mismo contexto. Del mismo modo, y dado que podremos encontrarnos con tangos escritos en 4X4, el gráfico nº 1 bis ilustra equivalencias rítmicas para el 2X4 poniendo el acento en los bajos de los cuatro tiempos del compás.

Gráfico nº 1
Grafico nº 1 bis
Para ampliar este patrón rítmico y aportar nuevos horizontes al acompañamiento utilizaremos la célula de uno de los géneros que sirvió de base al tango en sus etapas fundacionales: la habanera.

El tango y la habanera
La habanera es un ritmo de origen afro-cubano que presenta una curiosa característica: en un compás de 4X4 la acentuación se efectúa a través de la subdivisión de los cuatro tiempos en corcheas agrupadas de la siguiente manera (gráfico nº 2) El concepto de 3+3+2 se comenzó a utilizar en el tango a principios de los años cuarenta de manera frecuente hasta que a partir de la era de Astor Piazzolla se transformó en símbolo del tango moderno. Veamos tres casos para introducir en una secuencia (gráfico nº 3) Para contextualizar todos estos ejemplos te ofrecemos el fragmento de un clásico del género: El Choclo. En el gráfico nº 4 tenéis la melodía principal escrita y tabulada además de una segunda guitarra donde se ponen en funcionamiento algunas de las células rítmicas anteriormente descritas. Prueba tocándolo con un amigo intercambiando los roles melodía-acompañamiento.

Gráfico nº 2
Gráfico nº 3
Gráfico nº 4
Seguramente os estaréis preguntando porqué hacemos tanto hincapié en la importancia de aprender primero el ritmo base. Hemos decidido comenzar por aquí porque, al igual que casi todas las danzas, el tango requiere de un ritmo con acentos bien marcados; la comprensión morfológica de éstos y sus múltiples interpretaciones son, por tanto, material de estudio necesario.

Habiendo hablado ya de algunos de los recursos elementales, avanzaremos sobre otros más complejos. En ocasiones hemos observado que cambiar de acorde no significa necesariamente el traslado inmediato de una posición a otra. Pues bien, en el tango, muchas veces, para moverse de un lugar a otro de la armonía se introduce un elemento contrapuntístico que, al tiempo que da continuidad a la idea rítmica aporta riqueza al acompañamiento. Estos elementos suelen aparecer con bastante frecuencia en los bajos, veamos algunos ejemplos a través del fragmento de otro clásico El día que me quieras (gráfico nº 5) Sin dar un salto muy grande en cuanto a la dificultad técnica, en este ejemplo podéis observar cómo en el compás nº 2, el paso del Dmaj7 al Bbm7/5b se efectúa a través del anticipo de la tónica del último acorde. Del mismo modo, en el compás nº 3, el recurso rítmico empleado para llegar al acorde de G#m7/5b presenta un movimiento de bajos cromáticos descendentes que, partiendo del Bb y acabando en la tónica del acorde (todo en la 6ª cuerda), nos vuelve a dar una idea de cómo movernos creativamente de un lugar a otro.
Para cerrar esta primera aproximación al lenguaje de la guitarra tanguera os ofrecemos un ejemplo más -en este caso para introducciones o interludios en un modo menor- con el que podréis trabajar con comodidad dentro del estilo (gráfico nº 6).

Gráfico nº 5
Gráfico nº 6
El tango y la milonga
La relación entre tango y milonga es tan cercana, que muchos de ellos encierran una parte central lenta con ritmo de milonga. Tal es el caso, entre otros, de Los mareados, de Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo, cuando canta: -Hoy vas a entrar en mi pasado/en el pasado de mi vida/tres cosas lleva mi alma herida/amor, pesar dolor (...)- Introduzcámonos en su microcosmos.   

Entre sus muchas acepciones, milonga, según la R.A.E., es una palabra de origen africano que significa engaño, cuento, discusión o riña. Antiguamente se empleaba para designar a las casas de baile de los barrios periféricos y a las mujeres que trabajaban en ellas. Podríamos describirla, a grandes rasgos, como un tipo de canción bailable de movimiento lento y compás binario. Surgida hacia 1870 en los bailes populares de Montevideo (Uruguay) y extendiéndose rápidamente a su vecina Buenos Aires, suele constar de una breve introducción de guitarra después de la cual se cantan toda una serie de estrofas de 4, 6, 8 o 10 versos. Desde sus inicios coexistió con la habanera, aunque reinando en ambientes sociales mucho más humildes. Por este motivo era conocida como “habanera de los pobres”. Sin embargo, aunque hermana de esta última, la milonga tiene una mayor relación con la música afro-americana. Su estructura, encajada en el compás binario de 2X4, sigue un tipo de diseño musical que reúne todas las características del cancionero colonial y se presenta en diversas formas rítmicas y melódicas, por lo que puede ser sureña o pampeana, porteña o corralera, negra o candombeada, siempre manteniendo sus características morfológicas.
Como baile, pertenece al tipo llamado de salón, es decir, que las parejas lo ejecutan enlazadas.
La clave para interpretar correctamente un ritmo de milonga consiste en marcar con especial énfasis la segunda mitad del último tiempo del compás y luego el tiempo fuerte. En el gráfico nº 7 tenéis un ejemplo fácil de tocar que ilustra ejemplarmente este característico acento.
Otra variante, más cercana a la estética de la milonga sureña, es la que os ofrecemos en el gráfico nº 8. En ambos ejemplos acentuar los tiempos señalados os permitirá apreciar el carácter gracioso del ritmo.

Gráfico nº 7
Gráfico nº 8
La guitarra solista
Con el propósito de volcar todos estos elementos en material de trabajo tangible, en el gráfico nº 9 os ofrecemos un arreglo completo para guitarra sola en versión fácil del anteriormente citado tango El Choclo. En el mismo, veréis cómo los elementos ya explicados cobran forma a lo largo de las tres secciones que la obra presenta.
Pensad siempre que el proceso de aprendizaje mediante el cual se llegan a comprender las características de las músicas regionales, va acompañado, idealmente, de una permanente inquietud por escuchar el género en sus diversas manifestaciones; no perdáis de vista nunca este detalle y recordad: los discos son nuestros mejores maestros.

Gráfico nº 9
Información complementaria de interés

Leopoldo Federico. Foto: Carlos Furman
El bandoneón
El bandoneón es el primo-hermano del acordeón. Al igual que éste, es considerado como un instrumento cromático de fuelle y lengüetas libres. Algunas hipótesis adjudican su invención a los chinos, aunque lo que realmente se sabe es que el francés Gabriel-Joseph Grenié, que vivió en la misma época que Mozart, construyó un instrumento que podía graduar su potencia sonora y sirvió de modelo al armonio. Años más tarde, en 1835, el alemán Hermann Ulgh lo construyó con su forma definitiva con el fin de emplearlo como órgano portátil en una pequeña iglesia. Era el actual bandoneón. Varias décadas después, un fabricante vendió esos instrumentos con las iniciales AA como marca de fábrica. Al poco tiempo la marca cambió dado que Vertagh Heinrich Band los fabricó en su taller (Band Union), dando origen a diversos nombres: bandunion, bandonion, bandoneón. Uno de estos instrumentos llegó al puerto de Buenos Aires hacia 1862, y se sabe de un suizo llamado Shumacher, que animaba con él los descansos de la tropa durante la Guerra de la Triple Alianza. Quince años mas tarde nacían la danza y la música que lo hicieron famoso: el tango.
Su forma es cuadrada y su tamaño mayor que el de la concertina, participando más de las características de ésta que de las del acordeón. En lugar de teclado utiliza botones, 38 para el registro agudo y medio y 33 para el grave. Cada botón emite un sonido al abrir el fuelle y otro distinto al cerrarlo. Su sonido es limpio, potente y de una gran extensión, lo que le ha convertido, sobre todo desde principios de siglo, en el instrumento solista más apreciado por las orquestas de tango.
El argentino Alejandro Barletta lo dio a conocer en sus largas giras elaborando un repertorio propio para el instrumento, aunque fueron sin duda Aníbal Troilo, Astor Piazzolla y Leopoldo Federico quienes consiguieron popularizarlo a nivel internacional.

Guitarra y bandoneón
La guitarra y el bandoneón ocupan, juntos, puestos de privilegio en la historia del tango. Como hemos apuntado ambos forman parte de su evolución estilística desde un principio. Sin embargo, tuvieron que pasar varias décadas para que los dúos formados por estos dos nobles instrumentos dialogaran a solas en el surco del disco. De los muchos dúos formados a lo largo de la historia, algunos han dejado registros excepcionales. En el año 1962 Aníbal “Pichuco” Troilo (bandoneón) y Roberto Grela (guitarra) grabaron para la RCA Víctor de Argentina, el que sería la referencia para todos los dúos de la historia. “Pa´ que bailen los muchachos” recoge clásicos del género con intervenciones del cuarteto típico que completaban con guitarrón y contrabajo. A mediados de la década del 70, tras el fallecimiento de Troilo, Grela registró junto al virtuoso Leopoldo Federico (bandoneón) el larga duración “Hombres de tango”, maduro y brillante aunque menos sorprendente que su antecesor. Años más tarde, la sorpresa llegaría de la mano de los veteranos Aníbal Arias (guitarra) y Osvaldo Montes (bandoneón) con su “Juntos por el tango”, grabación que reúne tangos, valses y milongas en el estilo tradicional, romántico y cantábile que caracterizó la estética de los años 40 y 50. La actualidad en materia de dúos está a buen resguardo en las manos de los experimentados Juanjo Domínguez y Julio Pane, quienes con su reciente trabajo “Un placer”, nos recuerdan que buen gusto y virtuosismo pueden convivir en perfecta armonía.

Si te interesa profundizar en el lenguaje guitarrístico del tango, una excelente forma de hacerlo es escuchando dúos de guitarra y bandoneón. En cualquiera de las grabaciones citadas podrás apreciar las posibilidades que la guitarra tiene de trabajar tanto en el plano solista como de acompañamiento, haciendo uso de un amplio abanico de recursos.

El “tempo rubato” del tango
Un último consejo: todo lo que del tango no puede explicarse con palabras está registrado en las numerosas grabaciones que las grandes figuras del género dejaron como legado a las generaciones posteriores. El carácter melancólico, arrastrado, rubato, lírico, compadrito y a la vez temperamental del tango sólo es comprensible y asimilable en recursos cuando se lo ha escuchado -y mucho- en sus diferentes formas. Por lo que es de carácter imprescindible para todo interesado en introducirse en su universo expresivo el escuchar mucha música.

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